SABERES Y SABORES | Un socialismo moderado

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El socialismo, ya sea considerado como doctrina, ya como hecho histórico, ya como acción, aun después de sus concesiones a la libertad, a la verdad, sin perder el control de ellas y a una justicia parcial, es incompatible con la libertad, la dignidad del ser humano y los principios de la familia, ya que su manera de concebir a la sociedad se opone diametralmente a los ciudadanos de buena voluntad, honestos que trabajamos para sostener y conservar nuestra familia.

Por supuesto que este socialismo ha moderado y suavizado lo tocante a la lucha de clases y a la abolición de la propiedad, por lo cual no se le puede reprender en estos puntos; sin embargo, la misma guerra del dominio privado, restringida cada vez más y más se atempera, se acomoda una cosa por otra, se hace más suave o menos intensa, para calmar los ánimos.

De suerte que en definitiva no es la posesión misma de la propiedad lo que ataca en primer lugar, sino el predominio social y, de hecho, un poder semejante no pertenece a los que poseen, sino a la potestad publica, al gobierno, estos bienes estarán reservados al estado, pues el interés consigo es tener un control económico, político y social.

La primera acción en este nuestro caso de este socialismo moderado es el adoctrinamiento, educar a los ciudadanos y a las costumbres, romper con las tradiciones del pueblo; ante todo intentar atraer a los niños, jóvenes bajo la capa de apoyo con las llamadas becas, pero también se extiende a todos los hombres, con el propósito de seguir apoyándolos económicamente y formar finalmente al “hombre socialista”.

Por ello te pido que conserves tus usos y costumbres que prevalecen en tu familia, tus tradiciones de antaño como un legado de nuestros padres, no te dejes arrastrar por ideologías innovadoras, matizadas disque de un bien en común, verdades a medias, una tolerancia falsa donde todo está permitido, pues es tu derecho y tú decides; teorías malsanas, perversas, no de crecimiento, sino más bien de destrucción y de corrupción disfrazado de bien, corrientes que vociferan que la religión o la fe no es necesaria en el nuevo socialismo moderado.

¡Oh miserable ignorancia de unos cuantos que pregonan de sabios, y muestran más bien su necedad! ¡Y otros cuantos entreguistas que en lugar de luchar por su pueblo y de hacer algo en contra de este adoctrinamiento entregan lo más preciado: la familia y por ende la sociedad!

Pero esto no se va a quedar así. Es necesario despertar, estar informados e investigar, reflexionar hasta llegar al punto de hacernos una autocrítica, que nos mueva a una participación social.

Desde la Declaración Universal de los Derechos Humanos quedó establecido que la familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad, cuando se dice elemento natural y fundamental significa que, si al matrimonio le va mal, le va mal a la familia, y si le va mal a la familia, le va mal a la sociedad, y si le va mal a la sociedad, le va mal al país. Por lo tanto, es necesario que se le proteja de acuerdo a las leyes, que es su derecho. Mexicanas y mexicanos, respetables legisladores de todos niveles de gobierno, lectores de esta columna Saberes y Sabores, público en general.

A la familia en este país en lugar de protegerle se le ha atacado y las condiciones van siendo cada vez más desfavorables, hasta el día de hoy el entorno no ha sido el adecuado, la educación que reciben nuestros hijos por parte del sistema educativo nacional no ha cumplido su cometido de una educación integral como se establece, los medios masivos de comunicación, si tú prendes la televisión, no hay un solo programa propio para niños, pues todos han desaparecido, ¿qué es lo que ven los niños? Se están envenenando las mentes de los pequeños.

Las leyes políticas públicas se deben enfocar en proteger a la familia, tal y como lo establecen todos los tratados de los derechos humanos, toda legislación o iniciativa a la reforma constitucional debe valorar el impacto que va a tener en la familia; así como se cuida el impacto ambiental en cada reforma, así también se debe cuidar el impacto que estas reformas tienen en las familias.

No nos dejemos influenciar por las políticas internacionales, todo esto es responsabilidad de nosotros los mexicanos, las leyes las hacemos nosotros. Legisladores mexicanos, en ustedes recae esta responsabilidad.

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