La chica del café

0

Después de tomar el café con mis amigos Tlacaélel y Nezahualpilli, en un céntrico lugar de Huexotzinco, fui a tomar un taxi y regresé a mi hogar. Durante el trayecto, iban transitando en la mente las imágenes de esa señorita delgada, con cabellos del color del sol y con aquellos ojos negros cubiertos por unos lentes muy ligeros que la hacían ver más atractiva, brillante e inteligente. La manera como llegó al lugar, así como la mesa roja que le asignaron, la cual se encontraba adornada por unas pequeñas flores color amarillo, un servilletero blanco y abajo del mismo aparecía anotada la clave de la red inalámbrica.

Mientras Tlaca y Neza seguían a las grandes pláticas, me encontraba distraído y de vez en vez mirada hacia la mesa de enfrente donde había sentadas cuatro señoritas, pero solo una atrajo mi atención en ese café. Su sonrisa, sus movimientos, su entusiasmo al expresarse ante ellas y su contagio natural de la buena energía. Es necesario vivir de esa manera, no perder la chispa ante todo. Quedé con ganas de volver a ese lugar. Por lo que, cité a mis amigos a la misma hora, el próximo sábado. Ello con gusto aceptaron.

El detalle fue que en esa ocasión, ella no asistió, pero la cafetería tuvo más clientela. Se les hizo complicado platicar y hasta ellos dos me preguntaron: ¿Qué buscaba yo en ese lugar, si tenía una persona más invitada a la reunión? Les respondí que la chica del café que estaba sentada frente a mí, no había ido. Ellos lanzaron sus carcajadas y me dijeron:

  • ¿Cómo que te estás enamorando de alguien que ni conoces y que sólo has visto en un café? ¿Ni siquiera sabes su nombre, si es de la ciudad o quizás vino de paseo y nunca la volverás a encontrar en el camino?
  • ¡Deja de pensar en esa mujer, como ella hay muchas! Vamos y nos llevamos a Nezahualpilli, chance les declame sus poemas a esas chicas. Exclamó Tlacaélel.

No les respondí a los dos, ahora ya no hablaban de poesía, ni de empresarios, ni fundaciones, sino de las mujeres divinas que menciona el destacado compositor mexicano Martín Urieta en su canción que ha rebasado fronteras y ha llegado a distintas generaciones. Medité un poco y les comenté que si dentro de ocho días no asistía ella, dejaría de insistir por volver a verla en ese lugar. Tlaca comentó que si ese día ella asistía, él pagaba los cafés y si querían hasta los tequilas para brindar, pero tenía que hablarle yo o llevarle algo a su mesa de la chica. Neza, el de la voz poética expresó que si esa flor regresa al lugar donde vio a su amado, entonces él mismo les escribiría y dedicaría un poema posteriormente, y si no tomaría la invitación del buen Tlaca.

(*) Escritor veracruzano conocido como Tepetototl, “Ave de la Montaña”.
Correo: venandiz@hotmail.com Twitter: @tepetototl

0

También te podría gustar...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *