Se vuelven a encender las alertas sobre el cambio climático

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Nuevamente la ONU a través de su agencia meteorológica lanza advertencias sobre las devastadoras consecuencias que la ebullición, la crisis, el infierno o el apocalipsis climático (definiciones todas que han sido usadas anteriormente) están generando en el mundo, así como de los escenarios que se proyectan en el corto plazo

Para comenzar, se anunció oficialmente que durante 2023 y 2024 -aunque fuera de manera temporal- se rebasó en más de 1.5°C el promedio de temperatura global anterior a la era industrial, lo que quiere decir que el planeta se está calentando más de lo previsto y que podríamos llegar al punto de no retorno unos 17 años antes de lo que se había pronosticado.
Ahí están los incendios en California, la Dana en España, las tormentas en Irlanda y Escocia además de las inundaciones, deslaves, tormentas, huracanes, ciclones, tornados, nevadas, lluvias, sequia, tolvaneras y todo tipo de desastres naturales por todo el mundo como testimonio de la “nueva normalidad climática”.
El periodo entre 2023 y 2027 será el de mayores temperaturas desde que se lleva registro, nada nos salvará de que se presenten esos récords mundiales. Prepárate a partir de la primavera en el hemisferio norte las altas temperaturas impactarán como nunca.
El organismo internacional exige un compromiso serio, a profundidad, urge al trabajo conjunto de los gobiernos y sociedad, sin esto, las soluciones propuestas no lograrán tener efecto en el corto plazo. La voluntad política es escasa, los recursos necesarios no llegan y la humanidad sigue sumida en la indiferencia o absorta en otros temas.
Eso es lo que se ha venido advirtiendo durante años, pasan los meses, los años y nadie se pregunta ¿qué paso después?, ¿que siguió para los afectados? ¿cómo terminó el desastre?, ¿qué fue de la gente?
Pocos se detienen a reflexionar en lo que sucede después de un incendio como el ocurrido en California, Estados Unidos. Parecer ser que hasta la reacción ante los efectos no pasa de mensajes emotivos, contenidos virales, donaciones, solidaridad, algunas reflexiones y promesas de cambio, pero nada más, ahí queda la cosa.
Millones de toneladas de gases peligrosos emitidos a la atmósfera derivados de la combustión de materiales, combustibles, aparatos, dispositivos, materia orgánica, cables, sustancias, químicos, plásticos y todo tipo de elementos y componentes nocivos de todo tipo, domésticos, industriales, comerciales, farmacéuticos, eléctricos, entre otros.
Montañas de basura y desperdicios, también altamente contaminantes que requieren un esfuerzo titánico para ser recolectados, miles de hectáreas de terreno para ser depositados y donde seguirán impactando negativamente durante cientos de años sobre los recursos naturales, el suelo, el aire y todos los cuerpos de agua con sus escurrimientos y emanaciones.


La reconstrucción costará miles de millones de dólares, pero requerirá también de mayores devastaciones, bosques y selvas, producción de materiales de construcción, extracción de metales, reparaciones costosísimas de los servicios públicos, tendidos eléctricos e hidráulicos. Mucha inversión, muchos empleos, pero a un costo todavía mayor para el planeta, claro no queda de otra la gente tiene que retomar sus vidas.
Reponerse de una inundación, tornado o deslave también es terrible. Muchas veces las zonas afectadas son abandonadas, miles de propiedades jamás vuelven a ser ocupadas y quedan en ruinas se convierten en áreas altamente inseguras y peligrosas, permaneciendo anegadas, desoladas y en deterioro permanente.
Una gran parte de todo lo que arrasa un huracán terminará flotando durante siglos en el mar o yendo a parar en alguna playa; vehículos, lanchas, muebles, aparatos eléctricos tal vez se queden hundidos cerca de la costa, adiós a todo tipo de vida silvestre en el área.
En todos los casos, habrá consecuencias sobre la salud de miles de personas, en el mediano y el largo plazo, plagas, aumento de enfermedades; ni hablar de los efectos psicológicos, conductuales y sociológicos. Las vidas de las víctimas se han trastornado, derruido, alterado, distorsionado, esto va más allá de los reportes noticiosos o los contenidos mediáticos.
La recuperación económica será lenta y compleja, en menos de 2 años muchos habrán desertado, las oportunidades y bonanza del pasado no regresarán. La ayuda y asistencia irán agotándose. La gente se verá obligada a migrar para subsistir, los que puedan lo harán, otros simplemente se quedarán atrás. Las actividades que antes eran atractivas e inyectaban inversiones, recursos, derrama económica no serán lo mismo durante una larga temporada.
La seguridad alimenticia al borde de su viabilidad, los recursos naturales en declive total y la polución imparable, continua, depredadora, pero nada detiene el ritmo intensivo y extensivo de la explotación insaciable del planeta.


Así que -en efecto- ahora hay que pensar en que estos eventos serán más frecuentes, más agresivos, repetitivos, inéditos y que se presentarán en zonas que se consideraban a salvo de ellos. Miles de millones de seres humanos están en riesgo, muchas ciudades no están preparadas y no hay ni los recursos ni la capacidad para enfrentarlos y solventarlos.
El trabajo de investigadores, académicos, organizaciones, fundaciones, líderes y algunas empresas está ahí para comenzar de lleno a explorar alternativas y comenzar a trabajar urgentemente por que la conclusión final de la ONU es severa, ya no hay mañana, no existe otro planeta para que la humanidad migre ya no hay reversa y nadie está a salvo.