¡¡¡NO HAY DE OTRA, HAY QUE DARLE!!!
A falta de oportunidades laborales bien remuneradas y en donde la edad es impedimento para ser contratados, muchos hombres y mujeres continúan autoempleándose, y a diario, desde temprana hora salen a ganarse el pan para que éste no falte en la mesa de sus hogares.

Quizás mientras algunas personas aún duermen, ellas y ellos en la lucha diaria, aún cuando ni siquiera sale el sol ya andan por las esquinas, en las aceras o en calles de la ciudad, así como en el área rural, por colonias, fraccionamientos o barrios ya sea a pie, en bicicleta, triciclo, motocicleta o carrito usado recorriendo con esfuerzo y mucha fe en la batalla por llevar el pan a casa, a la familia.

Son sus propios patrones, y como “la necesidad tiene cara de perro, y los hijos tienen que comer -Dijo don Melquiades Altamirano-, no queda de otra más que con fe encomendarse a Dios, y que se haga su voluntad; es tan bueno nuestro padre celestial que a nadie deja sin comer porque para todos sale el sol”.
Y así es como diariamente vemos por doquier al tortillero; al vendedor de aguas frescas; de nieves y paletas; de volovanes y hojaldras; de muebles de madera de pino; de ropa y calzado de segunda; de frutas y legumbres; de alimentos para perros y gatos; de semillas; quesos; pescado; de detergentes y líquidos varios elaborados por ellos mismos; de piñas, cocos y frutas de la temporada; de antojitos mexicanos; de tamales; de tacos; de elotes; de chicharrones y carnitas; de gelatinas, flanes y tortas de elote; de jugos de naranja/betabel, chocomiles y licuados; de tortas y pambazos; de hotdogs y hamburguesas; lavando carros; comprando fierro viejo, climas viejos y demás; aseando calzado e infinidad de actividades lícitas en las que todos comparten una realidad similar, la lucha diaria por la sobrevivencia.

Y aunque nada fácil es autoemplearse, como bien lo señalan al platicar con ellos, ya que no solo enfrentan muchas de las veces a inspectores y cobradores de comercio, sino que la informalidad laboral es también no contar con seguridad social o servicio médico; no contar con ninguna prestación de ley como aguinaldo, reparto de utilidades, vacaciones, INFONAVIT, etcétera, etc., amén de soportar inclemencias del tiempo, por lo que su esfuerzo refleja la fortaleza de guerreros y guerreras que no se dejan vencer por la adversidad.

Y si a todo lo anterior le sumamos aquello de que el negocio es celoso y las ganancias son inciertas, imagínese. Sin embargo, si algo les anima y enorgullece seguir adelante, es no rajarse creando con sus propias manos la oportunidad que el mercado laboral formal no les concede, máxime si la edad es un obstáculo.