CD. CARDEL, Ver.- Aún cuando algunos argumenten que los modernos hornos de gas son más eficientes y muestran rapidez e higiene, si bien es verdad que han ido desplazando a los tradicionales hornos de leña, no solo para los consumidores sino para los propios panaderos, el sabor del pan cocido con fuego de leña jamás será reemplazable en este sentido.
Transitar a pie o en vehiculo automotor por pueblos diversos de la región cardelense que comprende 5 municipios, es encontrarse con hornos abandonados de este tipo, ya sea porque el uso constante o el tiempo los deterioró, o bien porque ningún miembro de la familia heredó el don o amor por elaborar pan, y con el transcurrir de los años esos hornos de barro y ladrillo se echaron a perder.
Fueron décadas -a decir de doña Margarita Rodríguez- las que operaron ese tipo de hornos donde de igual manera familias enteras, sobre todo en diciembre de cada año, para la cena navideña o de fin de año llevaban sus piernas de cerdo o guisos de pollo enchilado a cocer, por lo que salían riquísimas al hornearlas con leña.
Eran esos hornos el corazón de las panaderías rurales, donde el aroma a pan recién horneado se mezclaba con el humo del encino o la leña de naranjo. Pero hoy, la realidad es distinta: los nuevos hornos de gas dominan el panorama, impulsados por normas ambientales, amén del alto costo de la leña y la búsqueda de una producción más práctica.
Expone doña Mago que “los hornos de gas podrán quizás ser más cómodos, pero jamás sabrá igual el pan cocido en esos fierros, ya que el calor de la leña les da un sabor mucho mejor, salen las piezas más doraditas”.
Por otro lado, al platicar con Humberto Sánchez, panadero joven, sostiene que el hornear modernamente, con gas, pueden controlar mejor la temperatura y se ocupa menos tiempo. Pero está consciente que la gente prefiere mil veces más el pan hecho en hornos viejos de barro y ladrillo, ya que las conchas, cocoles, chamberinas, bolillos y demás obtienen un sabor mejor, siendo un hecho que se deba a la leña.
Hoy, ver cómo esos hornos artesanales se pierden con el tiempo, convertidos en piezas decorativas o recuerdos del pasado. Existen lugares donde esas “estufas gigante solo están dormidas”, toda vez que hay familias que los reviven en ciertas temporadas, ya sea Todos Santos o Navidad a efecto de cocinar sus gustos, con ese toque especial y no apagarlos para siempre, prender esas llamas que evocarán siempre al tatarabuelo, bisabuelo, abuelo o papá.