Seis mil millones de pesos. Ese es el precio de Coatlicue, la supercomputadora con la que el gobierno federal promete llevar a México a la élite tecnológica de América Latina. Presentada como una herramienta “del pueblo”, la realidad es que estamos ante una de las infraestructuras de control de datos más poderosas en la historia del país. Y la pregunta que muchos ciudadanos se hacen es inevitable: ¿quién la usará realmente y para qué?
Más que una máquina, Coatlicue es un símbolo de poder. Y como toda gran concentración de poder, exige preguntas incómodas.

EL NOMBRE: MÁS QUE UN HOMENAJE ES UN MENSAJE POLÍTICO
El nombre no es casual. En la mitología mexica, Coatlicue es la “madre de los dioses”, “Diosa de la Tierra y de la fertilidad” símbolo de creación y destrucción. El gobierno ha explicado que el nombre honra las raíces prehispánicas y la soberanía tecnológica. Pero en el fondo, el mensaje es otro: vestir de identidad nacional un proyecto que concentra capacidades estratégicas en manos del Estado. No es sólo una supercomputadora, es una narrativa de poder.
ACCESO RESTRINGIDO: PÚBLICA EN EL DISCURSO, CONTROLADA EN LOS HECHOS
Aunque COATLOCUE, la supercomputadora, se presenta como un bien público, no será de libre acceso, porque exclusivamente solo podrán usarla las siguientes dependencias e instituciones:
- Dependencias del gobierno federal
- Petróleos Mexicanos
- SAT y Aduanas
- Secretarías de Estado
- Universidades y centros de investigación (previa autorización)
- Algunas empresas privadas con aval gubernamental
Es decir, que un ciudadano común no podrá acceder directamente a ella.
El uso dependerá de un consejo controlado por la ATDT y la SECIHTI. En la práctica, el poder de decisión queda en manos del propio gobierno.
PEMEX COMO PRIORIDAD: EL PETRÓLEO ANTES QUE EL FUTURO
El principal beneficiario anunciado es Pemex, que utilizará la supercomputadora para localizar yacimientos petroleros y optimizar la explotación de hidrocarburos.
La contradicción es evidente: mientras el mundo invierte en energías limpias, México destina miles de millones a una máquina que nacerá al servicio de la industria petrolera, ya que Coatlicue apunta más al pasado que al futuro.
DE LA LUCHA CONTRA LA CORRUPCIÓN AL RIESGO DE LA VIGILANCIA
El gobierno asegura que Coatlicue ayudará a detectar evasión fiscal y corrupción al analizar los datos del SAT y de aduanas. En el papel suena bien, aunque en la realidad, implica algo más: una capacidad inédita de procesamiento de información sobre ciudadanos y empresas.
Sin reglas públicas, auditorías independientes y límites claros, esta máquina podría convertirse, no solamente en un instrumento de eficiencia… sino también de vigilancia y fiscalización.

¿HERRAMIENTA DEL PUEBLO O INFRAESTRUCTURA DEL CONTROL?
El discurso oficial insiste en que será una supercomputadora “del pueblo”. Los hechos dicen que será una infraestructura controlada por el poder.
Será pública si hay:
- Acceso transparente
- Reglas claras
- Supervisión independiente
Será un instrumento de control si: - Pemex monopoliza su uso
- Las decisiones se toman en lo oscuro
- El acceso depende de afinidades políticas
En conclusión, Coatlicue no es solamente una computadora gigantesca; es una decisión política sobre el tipo de país que México quiere ser. Puede convertirse en una herramienta para impulsar la ciencia, mejorar la vida de las personas y fortalecer la transparencia, o en un instrumento que concentre más poder en unos cuantos. La tecnología, por sí sola, no garantiza el progreso. Todo depende de quién la controlará, cómo se utilizará y a quién beneficiará realmente. Al final, más allá de la velocidad de la máquina, lo que estará a prueba no será su capacidad de cálculo, sino la capacidad del Estado para usar el poder con responsabilidad y a favor de todos, no nada más del gobierno en turno.