Dios cree en nosotros

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Resulta paradójico que el domingo de Gaudete, el domingo que irrumpe en el Adviento provocando la alegría, comience desde la oscuridad de una cárcel: la cárcel donde se encuentra Juan el Bautista. Pero así es la Palabra de Dios: en los lugares y momentos más complejos nos deslumbra con la manera en que el Señor irrumpe, trae la salvación y enciende la alegría aun en medio del sufrimiento.
Desde el inicio se teje un contraste que llama la atención. En la cárcel, todo parece indicar que Juan tiene dudas sobre la identidad de Jesús; en cambio, Jesús tiene absoluta claridad sobre la identidad y la grandeza de Juan. Los evangelios presentan al Bautista como un hombre fuerte, disciplinado y lleno del Espíritu. Sin embargo, incluso a los más santos los alcanza el impacto del dolor. Por más decididos que estemos a seguir a Cristo, existen acontecimientos que nos hacen tambalear.
Así sucede con Juan: diezmado por la experiencia de la prisión, siente la necesidad de preguntar a Jesús: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?” En el fondo de esta pregunta hay cansancio, incertidumbre y vulnerabilidad.
A nosotros también nos ocurre. Podemos haber sido formados por la Palabra y haber seguido con alegría los pasos del Señor, pero llega un momento difícil y comienza a flaquear la fe. Y así como Jesús responde a Juan, también tiene siempre una respuesta para nosotros cuando dudamos. Jesús no deja sin respuesta a quien busca con sinceridad.
Las expectativas equivocadas suelen confundirnos. En tiempos de Juan, muchos esperaban un Mesías triunfalista que eliminara las injusticias de golpe. También nosotros quisiéramos que Dios interviniera con fuerza espectacular, resolviendo todo de inmediato. Pero la respuesta de Jesús nos devuelve a lo esencial de la fe: a la pedagogía sencilla y humilde con la que Dios actúa.


Ahí están los signos del Reino: los ciegos ven, los cojos caminan, los pobres reciben la Buena Nueva. Jesús se revela no con demostraciones de poder extraordinario, sino con gestos concretos de misericordia. Así se manifiesta Dios: en lo pequeño, en lo cotidiano, en lo que transforma desde adentro.
Las últimas palabras de Jesús son un llamado directo a la fe: “Dichoso aquel que no se sienta defraudado por mí”.
Qué importante es recordar esto cuando llegan las dudas:
Dichoso el que no se escandaliza de Cristo; dichoso el que no piensa que ha sido inútil venir a la Iglesia; dichoso el que no cree que ha perdido el tiempo haciendo el bien; dichoso el que no se arrepiente de haber actuado con rectitud; dichoso el que persevera incluso cuando no ve resultados inmediatos.
Pero el contraste continúa: mientras Juan duda de Jesús, Jesús no duda de Juan. Aunque el Bautista esté preso, agotado y lleno de preguntas, Jesús ve su verdad profunda, su fidelidad, su misión. Y proclama ante todos: “¿Qué fueron a ver al desierto?
¿Una caña sacudida por el viento? No. ¿A un hombre vestido con lujo? Tampoco. ¿A un profeta? Sí, y a uno más que profeta.”
Así nos revela Jesús algo esencial: nosotros podemos dudar de Dios, pero Dios nunca duda de nosotros.
No se queda con nuestros errores ni con nuestras caídas; no queda atrapado en nuestras historias dolorosas. Él ve lo que podemos llegar a ser, todas las posibilidades que guarda nuestro corazón.


En esta línea, resuena con fuerza una expresión del Papa León XIV:
“La verdadera alegría nace cuando dejamos que Dios crea en nosotros más de lo que nosotros creemos en Él.” Esta frase ilumina profundamente el espíritu del domingo de Gaudete: la alegría auténtica surge cuando reconocemos que, incluso en nuestras vacilaciones, Dios permanece fiel, paciente y confiado en nuestro crecimiento.
Este es el tono espiritual del domingo de Gaudete: ánimo, resistencia, esperanza. La liturgia nos pide no desanimarnos ante las injusticias y sufrimientos de la vida. Como enseña Santiago: “Sean pacientes hasta la venida del Señor. Vean al labrador: aguarda pacientemente las lluvias tempranas y tardías esperando los frutos preciosos de la tierra. Así también ustedes, mantengan firme su ánimo, porque la venida del Señor está cerca.”
Y el profeta Isaías resume con fuerza el mensaje central de este domingo que quiere contagiarnos de alegría:
“Digan a los de corazón apocado: ‘Ánimo, no teman. He aquí que su Dios viene ya para salvarlos’.”
Ese es el espíritu del domingo de Gaudete: en medio de dudas, sombras o cansancio, la salvación está cerca; en medio de nuestras preguntas, Dios sigue creyendo en nosotros; en medio del Adviento, la alegría comienza a brotar.

  • V Arzobispo de Xalapa