Conoce más sobre la igualdad jurídica de las mujeres y niñas, los obstáculos para acceder a la justicia y cómo podemos derribarlos.
Qué significa la justicia para las mujeres y cómo impartirla
Conoce más sobre la igualdad jurídica de las mujeres y niñas, los obstáculos para acceder a la justicia y cómo podemos derribarlos.
Frases como esta se escuchan una y otra vez.
“La policía no le arresta porque es mi esposo”. “No lo dejé porque no tenía adónde ir”. “Mi familia dijo que me lo merecía”. “Perdí mi trabajo a raíz de que alcé la voz”. “Eran soldados”. “Eran hombres poderosos”. “Era apenas una niña”.
Si la finalidad de las leyes es proteger lo que la sociedad valora, ¿qué les estamos diciendo a las mujeres y niñas cuando nuestras leyes y sistemas judiciales no las protegen?
Sin sistemas de justicia equitativos y funcionales, nuestros derechos humanos no son más que tita sobre papel. Por desgracia, muchas mujeres y niñas ni siquiera tienen eso: en todo el mundo, las mujeres solo tienen dos tercios de los derechos jurídicos de los que disfrutan los hombres. Es decir, las leyes que protegen y garantizan los derechos humanos a la seguridad, la libertad y las oportunidades están sesgadas en contra de las mujeres y niñas.
Ni una sola nación ha logrado la plena igualdad jurídica.
El informe más reciente del Secretario General de las Naciones Unidas muestra que la brecha de género en la justicia es aún mayor en la práctica: la escasa implementación de las leyes que sí existen provoca que los obstáculos a los que ya se enfrentan las mujeres y niñas sean aún más difíciles de superar. Y, cuando la justicia les falla a las mujeres, el propio Estado de derecho empieza a derrumbarse.
No podemos perder ni un minuto más: debemos actuar ahora para corregir el rumbo, reforzar el acceso de las mujeres y niñas a la justicia y no conformarnos con promesas, sino hacer valer nuestros derechos. Lo bueno es que ya sabemos cómo hacerlo.

¿Qué significa la igualdad en el acceso a la justicia para las mujeres y niñas?
¿Qué es la justicia? ¿Cómo accedemos a ella?
La justicia es un medio para restablecer los derechos, desmantelar la discriminación sistemática, generar confianza y prevenir futuros abusos a través de una mayor rendición de cuentas. Esta forma de justicia escucha a las personas supervivientes y les cree, ofrece reparaciones y exige responsabilidades a los agresores. En situaciones de conflicto, la justicia no es algo que deba aplazarse o limitarse, sino que es esencial para avanzar hacia la paz.
La justicia reconoce los derechos, la dignidad, la voz y las libertades de las mujeres y niñas, y las protege: los derechos de las mujeres no significan nada si no podemos hacer que se cumplan.
Cuando hablamos de cómo accedemos a la justicia, nos referimos a las leyes y sistemas, formales o tradicionales, que defienden y protegen nuestros derechos y libertades, abordan las desigualdades históricas y exigen responsabilidades a las y los agresores. Estos sistemas incluyen las fuerzas policiales, los tribunales penales y civiles, así como liderazgos comunitarios y religiosos a cargo de los sistemas de justicia tradicionales.
¿Cómo debe ser el acceso a la justicia en la práctica?
Leyes que protejan a mujeres y niñas de la violencia y acaben con la impunidad. Una mujer debe poder llamar a la policía cuando sufra malos tratos, sin temor a la inacción ni a ser objeto de represalias. Las y los agresores saben que la justicia les exigirá responsabilidade.
Leyes que prevengan la discriminación y acaben con ella. La ley debe garantizar a las mujeres el mismo salario por un trabajo de igual valor, y estas deben poder llevar el caso ante los tribunales por discriminación cuando esta ley se incumpla. Otro ejemplo: debe protegerse legalmente el derecho de una niña a asistir a la escuela, de manera que pueda crecer con las mismas oportunidades que sus compañeros varones.
Sistemas de justicia que les crean a las mujeres y niñas, sin sesgos. La policía, las y los abogados , jueces y otros miembros del sistema de justicia deben dejar de juzgar a las mujeres y niñas con base en estereotipos y prejuicios de género para que las supervivientes no vuelvan a ser victimizadas o culpabilizadas y se haga justicia.
Asistencia jurídica accesible y asequible para TODAS las mujeres y niñas. Por ejemplo, se debe ofrecer asistencia jurídica gratuita a una mujer que no pueda pagar los honorarios correspondientes, y dicha mujer debe poder denunciar una injusticia con independencia de su raza, lengua, ingresos o situación de ciudadanía.
Apoyo para recuperarse cuando se vulneren los derechos. Las supervivientes de la mutilación genital femenina (MGF), la violencia sexual o los abusos en línea deben poder acceder a los centros de salud, al asesoramiento y a los servicios sociales que necesitan para recuperarse.
¿Por qué es esencial el acceso a la justicia para los derechos de las mujeres?
Cuando ONU Mujeres lucha por los derechos y el empoderamiento de TODAS las mujeres y niñas, luchamos por la justicia. Con justicia, los derechos se convierten en algo más que palabras escritas sobre el papel. Los derechos se convierten en poder.
Sin acceso a la justicia, las mujeres y niñas no tienen forma de exigir responsabilidades a los agresores. Se les niegan derechos, se ignoran los abusos y los delitos quedan sin resolver. El poder está en manos de los agresores. Sociedades enteras pierden.
Aunque la justicia penal suele ser lo primero que nos viene a la cabeza cuando pensamos en la protección de las mujeres, muchas batallas por sus derechos se libran en los tribunales civiles. La justicia civil influye directamente en las realidades que viven las mujeres y niñas.
Cuando las mujeres y niñas no pueden acceder a sus garantías legales –en ámbitos como el derecho de familia, el trabajo, la propiedad, etc.–, a menudo intervienen las organizaciones defensoras de los derechos de las mujeres para defender las libertades civiles y hacer avanzar la igualdad de género.
¿Qué les impide a las mujeres acceder a la justicia?
En 7 de cada 10 países analizados, las mujeres se enfrentan a mayores obstáculos que los hombres para acceder a la justicia, incluso cuando existen protecciones jurídicas.
Entre los obstáculos más comunes para acceder a la justicia figuran los siguientes:
Discriminación contra las mujeres y niñas: incluso cuando las mujeres denuncian una injusticia, puede cuestionarse su credibilidad. Algunas supervivientes corren el riesgo de sufrir represalias y estigmatización social por denunciar a quien las ha agredido.
Falta de representación de las mujeres: el sector de la justicia está abrumadoramente dominado por los hombres: ellos son quienes redactan las leyes, los policías que las hacen cumplir y los jueces que deciden a quién se cree. Esto hace que el sistema judicial esté menos informado sobre las mujeres y niñas y que su rendición de cuentas ante ellas sea menor.
La brecha en la implementación: con independencia de cómo esté redactada una ley, las mujeres y niñas siguen enfrentándose a obstáculos en la práctica, como los costos, la distancia, el idioma y las responsabilidades de cuidados que las privan de tiempo para desenvolverse en el sistema jurídico. Puede que ni siquiera conozcan sus derechos legales. La brecha es aún peor para las jóvenes, las mujeres de edad y las mujeres con discapacidad, quienes en ocasiones dependen desde el punto de vista económico o físico de las personas que abusan de ellas.
Tecnologías emergentes: la tecnología puede aprovecharse para ampliar el acceso a la justicia, incluida la información jurídica digitalizada y la celebración de audiencias en línea. Sin embargo, también crea nuevas fronteras para el abuso, por ejemplo, algoritmos sesgados en contra de las mujeres y niñas. La agresión cobra forma de violencia digital anónima –a menudo contra mujeres políticas, periodistas y activistas–, mientras que la normativa siempre va un paso atrás.
Crisis humanitarias y conflictos: los conflictos, catástrofes y crisis ponen a prueba el sistema judicial. La violencia doméstica se dispara. El Estado de derecho se debilita. De 2022 a 2024, la tasa de violencia sexual relacionada con los conflictos –incluidas las violaciones– aumentó un 87 por ciento. Las y los agresores gozan de una impunidad casi total.
¿Qué se puede hacer para promover los derechos de las mujeres y hacer justicia?
La justicia no surge de la nada. No viene dada sin más. Hay que construirla, es decir, escribirla, implementarla y financiarla.
He aquí cinco medidas que los Gobiernos pueden adoptar para impartir justicia:
Acabar con la impunidad. Corregir los vacíos legales, hacer cumplir las leyes y exigir responsabilidades a las y los agresores.
Subsanar las leyes. Eliminar las leyes discriminatorias, es decir, aquellas que permiten tratar a las mujeres y niñas de manera desigual, condonan dicho trato o guardan silencio sobre la violencia perpetrada contra ellas. Por ejemplo, las leyes que permiten el matrimonio infantil y la MGF, o las que impiden a las mujeres heredar propiedades y presentarse como candidatas a cargos electivos.
Financiar la justicia. Garantizar que los sistemas judiciales cuenten con recursos suficientes, incluida la financiación de la asistencia jurídica y los servicios de justicia centrados en las personas supervivientes. Diversas investigaciones demuestran que los beneficios de la asistencia jurídica y los servicios afines financiados por el Gobierno superan sus costos.
Invertir en el cambio. Financiar a las organizaciones de mujeres, que impulsan reformas que transforman la justicia, actúan como equipos de primera respuesta, prestan servicios de apoyo a las personas supervivientes y movilizan la opinión pública, entre otras muchas funciones. La presencia de organizaciones de mujeres es el factor que mejor predice la acción gubernamental contra la violencia de género.
Utilizar la tecnología y los datos para hacer el bien. Con innovación y colaboración, nuestras leyes pueden impartir justicia con mayor eficacia. Es preciso intensificar considerablemente los esfuerzos para contrarrestar la desinformación y la discriminación, luchar contra el sesgo algorítmico y los abusos en línea, ampliar los datos de género y cerrar la brecha de género en el ámbito digital.
Hablemos de progreso y de posibilidades:
Cómo todas las personas podemos apoyar la igualdad de derechos y la justicia para las mujeres y niñas:
Aprender. Conoce tus derechos y descubre por qué es importante la justicia.
Di lo que piensas. Haz que este asunto sea imposible de ignorar.
Involúcrate activamente. Apoya a las organizaciones y los movimientos feministas.
Vota. Exige líderes que den prioridad al acceso de las mujeres a la justicia, no solo en los discursos, sino en los presupuestos y las leyes.
Dona. ONU Mujeres apoya los movimientos de mujeres que trabajan por la justicia y la igualdad en todo el mundo. Y tú puedes respaldar nuestra labor.