Si bien es cierto que actualmente el Instituto Tecnológico de Úrsulo Galván vive un momento de resurgimiento en varios aspectos, también es verdad que no todo es miel sobre hojuelas.
Con la llegada del licenciado Brígido Castrejón Sánchez a la dirección del plantel -dependiente del Tecnológico Nacional de México- se percibe un cambio positivo. El nuevo titular tomó las riendas de una institución que, según se decía en su momento, se encontraba prácticamente desbaratada y hasta salpicada por un presunto fraude millonario atribuido a la administración anterior, del cual, por cierto, nunca se conocieron públicamente los resultados finales de aquella supuesta auditoría.
Hoy, sin embargo, el ITUG muestra signos claros de recuperación. Se observa mayor dinamismo en las áreas productivas, particularmente en los rubros pecuario, porcino, bovino y agrícola, además de un trabajo administrativo que comienza a rendir frutos bajo la conducción de un director comprometido con la educación.
Hasta ahí, todo bien.
Pero hay un problema que empieza a preocupar dentro de esta institución de educación superior enclavada en Villa Úrsulo Galván, un municipio que, por cierto, tiene el privilegio de contar con prácticamente toda la pirámide educativa para quienes aspiran a superarse académicamente y abrirse camino en estos tiempos cada vez más complicados.
¿Cuál es la bronca?
Que pareciera estarse perdiendo el espíritu de servicio entre parte del personal docente encargado de ciertas áreas productivas del instituto. Y no es una percepción aislada.
Lo observan quienes forman parte de la institución, pero también quienes desde fuera mantienen cercanía con ella. Quien esto escribe ha seguido la vida del Tecnológico por más de tres décadas, desde los tiempos en que era conocido como ITA 18, y ahora que se aproxima a cumplir medio siglo de existencia.

Como toda institución, el Tecnológico ha tenido altas y bajas, pero siempre ha sabido salir adelante, como quien se mantiene a flote entre el oleaje del mar.
El problema es que hoy parece no valorarse del todo lo que representa este centro educativo, semillero de miles de profesionistas y motor económico para muchas familias galvanenses, que han encontrado en el instituto una fuente de trabajo y de sustento digno.
Muchos de aquellos docentes que amaban intensamente al ITUG ya no están, algunos fallecieron, otros se jubilaron y varios más están próximos a retirarse. Y entre quienes permanecen, comienza a percibirse una actitud distinta. Pareciera que ahora se prefiere la comodidad del aire acondicionado en oficinas o aulas, antes que el trabajo directo en el campo.
Y no hay que olvidar algo fundamental, el Tecnológico de Úrsulo Galván es, en esencia, una institución agropecuaria, en buena medida sustentada en actividades productivas; sin embargo, cada vez son menos los maestros que quieren asolearse, sembrar, supervisar el ganado o atender las áreas productivas que forman parte vital de la formación de los estudiantes.
El instituto cuenta con maquinaria, herramientas e infraestructura para impulsar de manera importante sus proyectos productivos. Pero también es cierto que los animales y las labores del campo no conocen de horarios burocráticos. Los cerdos, las reses o los borregos requieren atención todos los días, incluidos sábados y domingos.
Hoy, lamentablemente, pareciera que en algunos casos el compromiso se limita a cumplir con el horario laboral… y hasta ahí. Y es una pena.
Más aún cuando trasciende que próximamente podría abrirse la carrera de Médico Veterinario Zootecnista, lo cual representa una gran oportunidad de crecimiento académico para el instituto. También se habla de la reactivación de huertas de cocoteros, cítricos y otros proyectos productivos, iniciativas que podrían fortalecer enormemente al plantel.

Pero para que todo ello funcione, se necesita algo más que infraestructura y planes en papel. Se requiere vocación, compromiso y amor a la camiseta. De lo contrario, muchos de esos proyectos podrían quedarse solo en buenas intenciones.
Ojalá que esta reflexión sirva para que todos, dentro del Tecnológico, hagan un alto en el camino. Porque el ITUG no es cualquier institución, es un patrimonio educativo del municipio, de la región, de Veracruz y de México. Y merece lo mejor de quienes forman parte de él.
¡Menos clima, más campo!
De lo del presunto fraude o la desaparición de recursos…
De eso, luego hablamos.
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