Artemis II regresa a la Tierra

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LA NACIÓN

El astrónomo Guillermo Bosch analizó en LN+ los alcances técnicos de la expedición y los protocolos que rigen el descenso de los navegantes. Según el especialista esta expedición funcionó como un laboratorio de pruebas críticas para la supervivencia humana fuera de la órbita terrestre baja. Según Bosch, “el lugar es tremendamente inhóspito como para caminar por ahí libremente, pero lo que se pudo testear en esta misión es el despegue, las maniobras con la cápsula, probarse los trajes, maniobrar con los trajes puestos, y comer con los trajes puestos”.

La misión recolectó imágenes en alta definición y permitió la ejecución de maniobras complejas en la cercanía del satélite natural, alfo que el astrónomo destacó. “En resumen, significa que se están cumpliendo todos los pasos y pruebas necesarias para que, en un futuro cercano, podamos volver a pisar la luna”, detalló.

La misión Artemis II de la NASA consolidó un nuevo capítulo en la exploración espacial con el histórico sobrevuelo tripulado de la Luna y la obtención de imágenes en alta definición consideradas inéditas. Tras completar ese hito, la nave Orión inició su regreso a la Tierra, en un trayecto estimado de cuatro días.

Uno de los momentos más tensos de la misión ocurrió cuando la cápsula quedó incomunicada durante aproximadamente 40 minutos al atravesar el lado oculto del satélite, una instancia clave tanto desde el punto de vista técnico como emocional.

Luego de viajar más lejos de lo que ningún ser humano antes en la historia, una de las partes más arriesgadas de la misión Artemis II aún está por llegar: el regreso a la Tierra. Está previsto que la cápsula Orión americe frente a la costa de San Diego (California) alrededor de las 8:00 p. m. del viernes, hora del este de Estados Unidos.

“En realidad estuve pensando en la reentrada desde el 3 de abril de 2023, cuando nos asignaron esta misión”, dijo recientemente a la prensa desde el espacio el piloto de Artemis II, Victor Glover. “Todavía no empecé siquiera a procesar todo lo que hemos vivido… y atravesar la atmósfera montados en una bola de fuego también es algo profundamente impactante”, añadió.

“Soñé que estaba en órbita lunar”, escribió Reid Wiseman en Twitter el 7 de diciembre de 2016. Casi una década después, ese vaticinio onírico se volvió una realidad. El 1 de abril de 2026 despegó con el cargo de comandante en la misión Artemis II, en el primer vuelo tripulado alrededor de la Luna después de 53 años. Pero más allá del reconocimiento profesional, este astronauta tiene una historia familiar que transforma su estadía en el espacio en un acto de resiliencia.

Nacido en 1975 en Baltimore, Maryland, hijo de un abogado y una empleada de una aseguradora, desde una temprana edad Reid demostró interés por lo que ocurría en el cielo y eso fue algo que sus padres no ignoraron. Con apenas diez años, comenzó a coleccionar cohetes de juguete a los que les colocaba motores. El tiempo pasó y su pasión no dejó de crecer. Se graduó en Ingeniería Informática y de Sistemas y se convirtió en aviador naval y piloto de pruebas, según se puede leer en su biografía del sitio web de la NASA. Durante 27 años sirvió como capitán de la Marina de los Estados Unidos.

En 2009 fue seleccionado como uno de los nueve miembros de la vigésima promoción de astronautas de la agencia espacial. Dos años después se desempeñó como ingeniero de vuelo a bordo de la Estación Espacial Internacional. Wiseman siempre mantuvo su objetivo en la mira.

Tomaron miles de fotografías y documentaron numerosas observaciones durante su vuelo alrededor de la Luna, pero mientras se acercan a casa, los astronautas de Artemis II dijeron el miércoles que apenas empezaron a asimilar esta extraordinaria experiencia.

Reid Wiswman, comandante de la misión de la NASA, dio cuenta de cómo lo vivido pone al límite la mente humana.

“Es un verdadero regalo. Y tenemos mucho en qué pensar, anotar y escribir. Entonces podremos sentir plenamente lo que acabamos de vivir”, dijo durante una conferencia de prensa desde el espacio.

Los cuatro astronautas –los estadounidenses Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, así como el canadiense Jeremy Hansen– establecieron un récord de distancia de la Tierra durante su sobrevuelo lunar.

“Los responsables de la misión afirman estar seguros de haber hecho bien su trabajo y de comprender las limitaciones del escudo térmico, así como la forma de proteger a la tripulación”, declaró Amit Kshatriya, administrador adjunto de la NASA, durante una rueda de prensa el jueves.

Y remató: “La tripulación pondrá su vida en juego”.

Mientras la nave Orión emprende su retorno a la Tierra, la misión Artemis II se consolida como un hito de preparación técnica sin precedentes. Los astronautas Reid Wiseman, Christina Koch, Victor J. Glover y Jeremy Hansen finalizaron sus maniobras en el espacio profundo; sin embargo, el hecho de que no hayan pisado la superficie lunar fue el foco de ayencípn global.

La respuesta es precisa: la misión fue diseñada exclusivamente como una fase de validación de sistemas y observación. Los astronautas, los primeros humanos en más de 50 años en ver la cara oculta de la Luna, dedicaron su tiempo a testear la tecnología que permitirá alunizajes seguros en el futuro.

Desde el lanzamiento hasta la actualidad, el objetivo principal fue la preparación. Según la NASA, Artemis II sirvió para ejecutar maniobras complejas necesarias para Artemis III y IV. A diferencia del programa Apolo, que operó bajo una estructura estatal centralizada, Artemis funciona mediante asociaciones público-privadas con gigantes como SpaceX y Blue Origin. La integración de estas tecnologías, junto con los aprendizajes del cancelado programa Constellation, marca una diferencia fundamental respecto a la era de 1969.

Como explicó Domenico Vicinanza en The Conversation, la exploración sostenible actual depende de un compromiso político estable y financiación predecible, elementos que permitieron que el programa Artemis fuera una realidad desde 2017 con un costo de 93.000 millones de dólares.

Además de descubrir el lado oscuro de la Luna, los tripulantes de la misión fueron protagonistas de un eclipse: el momento exacto en el que el Sol, la Luna y la nave Orión se alinearon.

Según los cálculos de navegación, la nave alcanzará una velocidad de 38.365 kilómetros por hora antes del despliegue de los paracaídas. En ese tramo se pondrá a prueba el escudo térmico, una pieza clave para la supervivencia de la tripulación: no existen sistemas de escape ni planes de contingencia una vez iniciado el descenso. El piloto de la misión, Victor Glover, admitió que la intensidad de esta etapa es una preocupación constante desde que fueron asignados al vuelo, en abril de 2023.

La tripulación —integrada por los estadounidenses Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y el canadiense Jeremy Hansen— se prepara ahora para el regreso a la Tierra, con un amerizaje previsto frente a la costa de California este viernes por la tarde, hora local. En la Argentina, el proceso de reingreso comenzará a las 20.53.

En un video publicado por la NASA, Liliana Villarreal, directora de Aterrizaje y Recuperación, explicó cómo será la operación de amerizaje.

La cuenta en X de la misión Artemis anunció que los propulsores de la nave espacial Orión se encendieron para la segunda quema de corrección de trayectoria de retorno, con el fin de ajustar con precisión la trayectoria de la nave hacia la Tierra.

  • El reingreso de Artemis II comenzará a las 20.53 (hora argentina), como parte del tramo final del regreso a la Tierra, con amerizaje previsto en el Pacífico frente a California.
  • La cápsula Orion spacecraft ingresará a la atmósfera a unos 38.365 km/h, generando una fricción extrema que la convertirá en una “bola de fuego”.
  • Es la fase de mayor riesgo: no existen sistemas de escape ni planes de contingencia una vez iniciado el descenso, por lo que todo depende del rendimiento del escudo térmico.
  • El escudo (material Avcoat) está bajo observación tras los desprendimientos detectados en Artemis I, aunque la NASA sostiene que es seguro.
  • Como medida adicional, la NASA diseñó una trayectoria de reingreso más empinada, para reducir el tiempo de exposición al calor extremo antes del despliegue de los paracaídas.