Veracruz, Ver.- El futbol mexicano se reconfigura desde sus cimientos. En una semana clave para el balompié nacional, las reuniones de dueños de la Liga MX y la Liga Expansión MX marcaron un antes y un después en la estructura del sistema profesional.
La decisión más fuerte llegó desde la cúpula: la Liga MX se separa administrativamente de la Federación Mexicana de Fútbol. Un movimiento que no sólo redefine la toma de decisiones, sino que abre la puerta a una liga con mayor autonomía y control sobre su propio destino.
Bajo esta nueva lógica, nace un comité deportivo compuesto por dos bloques de seis clubes, que tendrán en sus manos temas sensibles: desde los reglamentos hasta el número de extranjeros y los formatos de competencia.

Pero los cambios no se quedaron en el escritorio. El Atlas FC cambia de dueño, dejando la órbita de Grupo Orlegi para pasar al grupo PRODI, en una operación que sacude la estructura empresarial del futbol tapatío.
Y en un giro que remueve la memoria de la afición, el histórico Atlante FC está de vuelta en el máximo circuito. Lo hace tras concretar la adquisición de la franquicia de Mazatlán FC, en un movimiento que revive un nombre con peso en la historia del futbol nacional.
Mientras tanto, en la Liga Expansión, el mapa también se redibuja. El Celaya FC cambia de sede e identidad, será el equipo con el que Veracruz tendrá nuevamente futbol profesional con el nacimiento de los Piratas de Veracruz. A la par, regresa un viejo conocido, Cruz Azul Hidalgo, que vuelve a escena tras años de ausencia.

El cierre lo pone otro movimiento administrativo con impacto deportivo: Cimarrones de Sonora cede su lugar, y será Tampico Madero quien tome esa posición, devolviendo a la Jaiba Brava al circuito.
Así, entre decisiones de escritorio y movimientos de franquicias, el futbol mexicano entra en una nueva etapa.