¿Podría haber vida en algún rincón del Universo?

Facebook
Twitter
WhatsApp
Telegram
Email

Si el Universo nació hace 13 mil 800 millones de años y el Sistema Solar surgió hace apenas 4 mil 500 millones, pasaron más de 9 mil millones de años antes de que se dieran las condiciones químicas necesarias para el origen de la vida en la Tierra.
Sin embargo, una vez formado el planeta, la vida surgió en un lapso relativamente corto: entre 500 y 700 millones de años. Esto plantea una pregunta inevitable: ¿cuántas veces pudo haberse repetido, o podría repetirse, este proceso en otros rincones del Universo? ¿De qué elementos estaría formada?
En entrevista para UNAM Global, Antonio Lazcano Araujo, profesor emérito de la Facultad de Ciencias de la UNAM, explicó esta fascinante posibilidad y señaló qué pistas buscan los científicos en planetas y satélites distantes para descubrir si estamos o no solos en el cosmos.

El origen

Cuando se formó el Sistema Solar, existía una gran cantidad de cuerpos pequeños: meteoritos, cometas, asteroides y planetoides, que chocaban constantemente entre sí.
Muchos de ellos contenían compuestos como aminoácidos, azúcares y bases de los ácidos nucleicos, lo que favoreció una serie de reacciones químicas clave para la síntesis prebiótica, es decir, la formación de moléculas orgánicas antes de que existiera la vida, explicó Antonio Lazcano Araujo.
Los cuerpos que contenían este material impactaron contra la Tierra primitiva, y las ondas de choque pudieron ser una fuente de energía que permitió la síntesis de compuestos orgánicos.
“Claramente, los meteoritos trajeron volátiles, agua, minerales hidratados y compuestos orgánicos. Algunos se destruyeron, pero otros sobrevivieron, y las colisiones liberaron energía”, agregó Lazcano.
Y mientras los meteoritos seguían chocando y los microambientes reductores servían de pequeños laboratorios naturales, quizá en algún rincón del universo, planetas como la Tierra estaban viviendo procesos similares.
Cada chispa de energía, cada molécula orgánica recién formada, podría ser un eco lejano de lo que, millones de años después, daría lugar a criaturas capaces de mirar las estrellas y preguntarse de dónde vinieron.
En cierto sentido, cada organismo vivo es un testigo silencioso de aquellos laboratorios cósmicos primordiales, un pequeño viajero de la historia que conecta la química del espacio con la posibilidad de mundos aún por descubrir.

Los más abundantes del Universo

Lawrence Joseph Henderson analiza en su libro The Fitness of the Environment los elementos presentes en los seres vivos y llegó a la conclusión de que el hidrógeno, carbono, nitrógeno, oxígeno, azufre y fósforo son los más abundantes del Universo.
Esta selección de elementos no es aleatoria: se trata de algunos de los más ligeros y abundantes, con la capacidad de formar estructuras complejas, como los polímeros del carbono, y compuestos con la estabilidad necesaria para sostener los procesos de la vida.
“La probabilidad de que exista vida en otras partes del universo es alta y, aunque se trata de una suposición, podría estar basada en los mismos elementos y moléculas: carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno, fósforo y azufre”, señaló Antonio Lazcano.

Los meteoritos

Danny Glavin, astrobiólogo, y Jason Dworkin, astroquímico, ambos científicos de la NASA, han analizado meteoritos en los que han identificado cerca de 90 aminoácidos distintos.
La importancia de este hallazgo radica en que los aminoácidos son los bloques fundamentales de las proteínas, esenciales para la vida. Su presencia en materiales provenientes del espacio sugiere que los ingredientes básicos de la vida pueden formarse de manera natural fuera de la Tierra y distribuirse por el Universo, lo que refuerza la posibilidad de que la vida no sea un fenómeno exclusivo de nuestro planeta.
Es fundamental analizar con detalle las propiedades de estos aminoácidos para identificar cuáles son más estables, cuáles presentan la reactividad necesaria y cuáles podrían tener funciones específicas, como la histidina en los sitios activos de las enzimas. “Pero, en términos globales, la composición química podría ser la misma”.

La inmensidad del Universo

Al respecto, Carl Sagan creía que, dada la inmensidad del Universo y la abundancia de los elementos necesarios para la vida, esta probablemente no sea exclusiva de la Tierra. Sin embargo, advertía que la vida inteligente podría ser mucho más rara.
Para Sagan, la verdadera pregunta no era solo si existía vida en otros lugares, sino cuándo y cómo la descubriríamos. Su enfoque combinaba optimismo y rigor científico: explorar, buscar evidencia y mantener siempre la mente abierta ante lo desconocido.
El Universo es tan grande, hay tantas estrellas de tipo solar adecuadas, que el número de sistemas planetarios también es abundante; por eso es muy probable que haya vida en algún otro sitio del Universo.

¿Qué ambientes extraterrestres serían los mejores candidatos para la vida?

Debería ser un planeta que no esté tan lejos de su estrella, pero tampoco tan cerca como para que el agua se evapore, y con dimensiones similares a las de la Tierra.
Por ejemplo, en un inicio del Sistema Solar, Marte tenía las condiciones para haber albergado vida, pero no existe evidencia concluyente. Sin embargo, “creo que, en el Sistema Solar, el único sitio en donde apareció la vida es en la Tierra, porque a los demás planetas les sobró o les faltó algo, pero no sabemos cuáles podrían ser esos detalles”.
Sin embargo, los astrónomos han planteado que la ausencia de un campo magnético haría que Marte estuviera constantemente bombardeado por partículas muy energéticas provenientes del Sol, y esas partículas lo mismo pudieron servir para formar algunos compuestos que para destruirlos.
Además, se sabe que en la Tierra la vida apareció muy rápidamente. Antonio Lazcano recuerda un artículo que escribió hace años junto con Stanley Miller, en el que señalaban que, basándose únicamente en la estabilidad e inestabilidad de los compuestos orgánicos presentes en los seres vivos, no se requieren más de 10 millones de años para que pueda aparecer la vida.
Esto refuerza la idea de que, una vez que se dieron las condiciones adecuadas en la Tierra primitiva, la vida surgió relativamente rápido, lo que aumenta la probabilidad de que procesos similares puedan repetirse en otros rincones del Universo.

Si se encontrara un virus en otro planeta, ¿se consideraría vida?

De acuerdo con Antonio Lazcano, el hallazgo de virus extraterrestres no se consideraría, por sí mismo, evidencia de vida. Sin embargo, su presencia sugeriría la existencia de algún tipo de organismo vivo, ya que los virus solo pueden multiplicarse en el interior de una célula.
El hecho concreto es que la replicación, mutación y recombinación de los virus en la Tierra también se observan en las células, que tienen otras propiedades.
Todos los organismos de la Tierra tienen desarrollo ontogénico, es decir, el desarrollo de un organismo individual a lo largo de su vida, mientras que un virus, como el ribosoma, simplemente se ensambla y ya.

¿Qué es la vida?

De acuerdo con Antonio Lazcano Araujo, se trata de uno de los grandes problemas de la filosofía y la ciencia. Hasta ahora, los intentos por definirla desde distintas disciplinas no han logrado un consenso claro, lo que ha llevado a algunos especialistas a proponer una caracterización fenomenológica de los seres vivos; es decir, describirlos a partir de lo que se puede observar: cómo se organizan, cómo se reproducen, cómo intercambian materia y energía con su entorno y cómo evolucionan.
La filósofa Iris Fry afirma que hay una diferencia clave entre disciplinas. Mientras en áreas como las matemáticas es posible establecer definiciones universales, como la del triángulo isósceles formulada por Euclides hace más de dos mil años, que permanecen válidas en cualquier tiempo y lugar, en el caso de los seres vivos ocurre lo contrario. La idea de lo que entendemos por “vida” cambia con el conocimiento científico y con el contexto histórico en el que se formula.
Un ejemplo claro es la biología celular: hace apenas un siglo, los libros no consideraban al ADN como la molécula responsable de la herencia, mientras que hoy resulta impensable definir la vida o una célula sin este componente.
Lazcano propone no buscar una definición rígida, sino identificar los rasgos que comparten todos los seres vivos y, a partir de ellos, construir una caracterización fenomenológica; es decir, describirlos según lo que hacen y cómo funcionan.
Sin embargo, advierte que incluso estos rasgos dependen del conocimiento disponible en cada época; cualquier intento de definición absoluta de la vida es, hasta ahora, un desafío abierto.

  • Redactor: Michel Olguín Lacunza