“El futbol en Latinoamérica es como un emblema de la masculinidad. Y lo militar, lo mismo, pero aún más. Ambos tienen sus lados violentos. Me interesaba cómo mostrar esa agresividad, pero también la intimidad y la ternura entre los hombres”.
Quien habla es EYIBRA –nombre artístico que Abraham Brody eligió como identidad creativa–, y lo hace con la precisión de alguien que lleva años diseccionando los mecanismos del poder. El artista multidisciplinario, explorador de los cruces entre performance, instalación y video, se preocupa en su obra por la politización y la vigilancia de los cuerpos queer, llegando con ella a espacios expositivos como el LACMA (Los Ángeles) o el Barbican Centre (Londres).
Su videoinstalación Campo de hombres, que podrá verse en la Sala 5 de Casa del Lago del 23 de mayo al 3 de julio, coloca al espectador en esa zona de tensión donde la masculinidad se ensaya, se disciplina y, a veces, se resquebraja.
La propuesta reúne una videoinstalación y una escultura que trazan un triángulo entre futbol, militarismo y masculinidad. El punto de partida es Campo Marte, ese territorio capitalino donde la dinámica castrense y el deporte coexisten con una proximidad que nunca es inocente. EYIBRA parte de ahí para borrar la línea que separa un entrenamiento militar de uno deportivo, y lo hace con un elenco que no es casual: cuatro protagonistas exsoldados o exfutbolistas profesionales.
“En el video nadie juega futbol”, aclaró. “Son más bien rituales de preparación y condicionamiento”. Lo que sorprendió al propio artista fue la apertura de los participantes. “Ellos estaban muy abiertos a todo lo que les pedía, como ducharse juntos. Y todos son, que yo sepa, heterosexuales”. Dicha paradoja está en el corazón de la obra: dentro del futbol y del ejército hay gestos casi homoeróticos que están permitidos: los besos al marcar un gol, las bromas sexuales en el vestidor, mientras que la homosexualidad declarada sigue siendo, en muchos de esos entornos, una línea que no se cruza.
La escultura que acompaña al video lleva ese argumento a otro plano. Se trata de un aparato de gimnasio construido con una estética brutal, casi monumental, que remite conscientemente a la arquitectura fascista. EYIBRA, nacido en Estados Unidos de padre estadunidense y madre ucraniana, no oculta la referencia.

“Estaba pensando en monumentos fascistas y, por ejemplo, en cómo Trump ha gastado muchísimo dinero en hacer nuevos monumentos y esculturas. La escultura quería aludir a esto: si fuera en un país fascista, ultramachista, ¿cómo sería un equipo de entrenamiento?”.
En el marco teórico que alimenta su práctica, EYIBRA ha trabajado con el concepto de homonacionalismo, acuñado por la socióloga Jasbir Puar, para describir el modo en que el aparato militar estadunidense seduce a personas LGBTIQ+ hacia proyectos neocoloniales.
“Hay muchos hombres gays, masculinos, musculosos, que apoyan el proyecto de bombardear a Irán, de apoyar a Israel. Van y luchan porque quieren pertenecer a eso, quieren comprobar su fuerza”. Esa trampa, dijo, es doble: participan activamente en aquello que los reprime.
Sin embargo, Campo de hombres no es una condena del ejército ni del futbol como instituciones. EYIBRA lo esclareció con matices que evitan el esquematismo: el contexto importa. México no es Estados Unidos, subrayó, su ejército no coloniza a otros países, sino que enfrenta al crimen organizado. La obra apunta a las masculinidades, no a las instituciones en abstracto.
El momento no podría ser más oportuno. Con el Mundial de 2026 a punto de arrancar en suelo norteamericano, el futbol vuelve a concentrar sobre sí mismo todo el peso simbólico de la identidad masculina, la pertenencia nacional y el espectáculo del cuerpo masculino en tensión. Campo de hombres llega para mirar esto de frente, sin moralizantes, con la cámara fija en el umbral donde la fuerza revela su fragilidad y la disciplina, y si se mira con cuidado, esconde deseo.
- Redactor Roberto Frías