Hospitalizan a esposo de la Secretaria de Salud, Mariela Hernández, pero en el Hospital Ángeles de Xalapa

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* Es uno de los hospitales privados más caros de la entidad 

(Con información de Nota Roja Digital Sureste/ Álex Cazarín)

A través del muro de facebook de Lulú López (lulú reportera) este lunes 14 de septiembre dio a conocer la siguiente nota, del medio Nota Roja Digital Sureste, firmada por su reportero, Álex Cazarín, en la que se da cuenta de que Gustavo Domínguez Aguirre, esposo de la secretaria de Salud de Veracruz, Mariela Hernández García, fue internado al Hospital Ángeles de Xalapa para recibir atención médica especializada ante un problema vascular grave.
A continuación reproducimos la nota informativa de manera textual.
Veracruz, Ver., 14/09/26. Antes que cualquier consideración política, hay algo que debe decirse con claridad: deseamos que Gustavo Domínguez Aguirre, esposo de la secretaria de Salud de Veracruz, Mariela Hernández García, supere satisfactoriamente el delicado problema de salud por el que atraviesa.
No hay sarcasmo posible cuando está de por medio la vida de una persona y mucho menos cabe la burla o acusaciones innecesarias
Pero precisamente porque se trata de salud, y porque Mariela Hernández García encabeza la dependencia responsable de esa materia en Veracruz, hay una circunstancia que inevitablemente merece una explicación abierta, luego de que 8 millones de veracruzanos dependemos de las instituciones de salud pública.
De acuerdo con información confirmada a este medio por fuentes cercanas al Gobierno del Estado, Domínguez Aguirre fue ingresado al Hospital Ángeles de Xalapa para recibir atención médica especializada ante un problema vascular grave.
Vamos por partes.
El Hospital Ángeles Xalapa no es una unidad pública del IMSS-Bienestar. Es uno de los hospitales privados de mayor nivel en Veracruz. Actualmente cuenta con acreditación internacional Platinum de Accreditation Canada, organismo independiente que evalúa estándares de calidad y seguridad hospitalaria.
El nosocomio dispone además de servicios de urgencias las 24 horas, cardiología, medicina interna, angiología, cirugía vascular y otras especialidades. Incluso ha figurado entre los hospitales privados mejor evaluados de la región sur del país, eso, un hospital privado de primer nivel, de los que la hospitalización, procedimientos médicos y atención asciende a cientos de miles de pesos.
Tan solo la consulta con un especialista no baja de los mil 200 pesos, la noche de hospitalización oscila entre los cinco y 12 mil pesos, honorarios de anestesiólogo de ocho a 20 mil pesos y cirujano entre los 15 y 50 mil pesos y los materiales de quirófano en unos 20 a 50 mil pesos por procedimiento. Un procedimiento tan exigente podría costar de 200 a 300 mil pesos, en resumidas cuentas.
Nadie puede cuestionar que una familia busque la mejor atención médica disponible cuando una vida está en riesgo, están en todo su derecho, es más, de nuevo, deseamos todo el bien posible a Don Gustavo, sin embargo, nuestro cuestionamiento es legítimo, toda vez que el discurso que tenemos que soportar a diario ante los medios del Estado es, que las instituciones médicas están a la par de los de Dinamarca, incluso la gobernadora Rocío Nahle, ha dicho en varias ocasiones que, en materia de salud, los veracruzanos estamos en buenas manos.
Pero ¿por qué no confiar en las buenas manos de los médicos y cirujanos del estado? Sera cierto lo que los médicos dijeron a Ramos Alor hace unos días en el Hospital de Alta Especial de Veracruz, donde dijeron que «no había material para operar» y lo que Ramos Alor contestó… «Si tanto les ofende que no haya material, pues no operen»?
Tenemos derecho a preguntar por qué quienes administran, defienden y conocen desde dentro el sistema público de salud de Veracruz parecen tomar una decisión diferente cuando la emergencia toca directamente a su familia.
Mariela Hernández García no ocupa cualquier cargo. Desde enero es secretaria de Salud de Veracruz y directora general de Servicios de Salud de Veracruz. El propio Gobierno estatal reconoce que los 60 hospitales públicos incorporados al modelo IMSS-Bienestar trabajan bajo coordinación con la dependencia que ella encabeza.
Y apenas el 2 de septiembre, el Gobierno de Veracruz tuvo que reconocer oficialmente que algunas unidades presentaban necesidades de insumos, particularmente en las regiones de Xalapa y Veracruz-Boca del Río, al grado de ordenar redistribuciones y compras directas para cubrir faltantes, pero ante las cámaras el discurso de Mariela Hernández y Ramos Alor no cambia, para ellos el sistema de salud es el mejor del planeta.
No se trata, entonces, únicamente de una “narrativa” o como dijo Alor, «discursos de odio». Mucho menos puede reducirse todo a una supuesta campaña de contra ellos.
Roberto Ramos Alor, coordinador estatal del IMSS-Bienestar, sostuvo recientemente que existen “notas falsas” y “montajes llenos de odio” alrededor de las denuncias por carencias hospitalarias. Días antes había quedado grabado enfrentando a médicos residentes que reclamaban insumos para realizar procedimientos. La controversia fue tal que posteriormente tuvo que ofrecer disculpas públicas y el propio IMSS-Bienestar se deslindó de sus expresiones.
Por eso este caso inevitablemente abre un debate sobre la verdad y «la verdad», la que se dice y la que se vive cuando nos toca vivirla.
Durante años la llamada Cuarta Transformación sostuvo la promesa de construir un sistema público de salud comparable con los mejores del mundo. Sin embargo, cuando una emergencia médica golpea directamente a una familia ligada a la conducción del propio sector salud, la opción elegida es uno de los hospitales privados mejor equipados de Xalapa. Y están en todo su derecho de hacerlo.
Pero los veracruzanos también tienen derecho a preguntar por qué.
Porque miles de ciudadanos que sufren una trombosis, un infarto, cáncer o cualquier otra enfermedad grave no pueden simplemente trasladarse a un hospital privado de alta especialidad. Ellos dependen del sistema público.
Del mismo sistema que las autoridades defienden cuando las denuncias llegan desde abajo. El mismo donde médicos y pacientes han denunciado carencias.
El mismo al que, llegado el momento más delicado, quienes tienen posibilidades económicas parecen no confiarle su propia salud. A Gustavo Domínguez Aguirre, sinceramente, le deseamos una pronta recuperación.
A las autoridades de Salud, en cambio, les corresponde responderle a los veracruzanos: Si el sistema público funciona tan bien como aseguran, ¿por qué cuando la vida de alguien cercano está en riesgo la confianza termina depositándose en la medicina privada?