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Lo de ayer ya es ayer

Entramos a la fase electoral en el país la cual se inscribe en una evidente polarización social y en un entorno económico, sanitario y educativo de difíciles condiciones, sin descontar que Morena lleva las de ganar sobre todo lo fundamental que es la Cámara de Diputados y los Congresos locales para seguir con –guste o no- el plan gubernamental de Andrés Manuel López Obrador.
Claro está que también hay intereses definidos en cuanto a las 15 gubernaturas en disputa y más de dos mil cargos de elección, aunque los ojos están puestos con mucho detenimiento en obtener buenos resultados en cuanto a legisladores se refiere.
Hay polarización social por las marcadas diferencias del ejecutivo federal con las autoridades del Instituto Nacional Electoral, en particular su titular Lorenzo Córdova Vianello y el consejero Ciro Murayama con quienes no hay ni química, ni física ni biología en común, es decir se caen, de plano insalvables entre sí, gordos en una mutua desconfianza y descalificaciones todo el tiempo.
Razones hay de los dos lados, entre el gobierno y ese órgano autónomo que se supone garantiza la limpieza de los comicios, algo que otros de plano ponen en tela de juicio.
Otros desencuentros del poder emanado del pueblo es en general con los intelectuales –incluidos rectores de universidades-, periodistas, medios de comunicación, quienes un día sí y el otro igual reciben lluvia de críticas de diferentes grados, de todo orden y si bien son determinantes en muchos aspectos de la cultura no se ve a corto plazo que prevalezca la política como medio de cambios.
Ya no se diga con el Poder Judicial, que no las trae todas consigo, inercias ancestrales que contribuyen a enrarecer la relación entre poderes constituidos y que tienen la nada ni sencilla responsabilidad de aplicar la justicia, pero de que hay casos y asuntos patéticos, los hay.
Con los empresarios, muchos acostumbrados a bailar al gobierno en lo que a impuestos se refiere, las relaciones están con pinzas.
En materia económica está por demás decir que ningún país la ha tenido fácil, ni los desarrollados, los que están en vías de y los que siguen, en pleno siglo XXI, atados al rincón de todo progreso.
A México le espera sin embargo, un mejor año, siempre y cuando la inflación se estabilice –marzo alcanzó 4.5 por ciento, mucho en un mes- y el repunte esperado de la vecina nación del norte, de 6.5 por ciento de su economía –mucho en infraestructura y comercio global- le dé un respiro a la nuestra.
En el ámbito de salud, con la pandemia del Covid en la punta de la agenda en la materia, los resultados son relevantes a diferencia de otras sociedades en el mundo que no ven la suya y a pesar de que muchas personas siguen sin respetar las normas sanitarias hay avances, pues ya hay cerca de dos millones de vacunados.

ATRAQUES

  1. La Ley de Hidrocarburos propuesta por el ejecutivo federal pretende poner orden en muchas variantes que se presentan en ese sector, entre ellas recapitalizar por fin a Pemex y que deje de ser un paraíso de la burocracia, aun cuando toca intereses globales muy fuertes.
  2. Ojalá puedan recuperarse programas agropecuarios importantes en el sureste del país, donde está la mayor reserva de agua y de recursos naturales y ordenar la deforestación de bosques y selvas.
  3. El turismo es uno de los sectores pendientes de recuperación, ojalá paulatinamente puede esa actividad recuperarse, pues muchos empresarios de todo orden se han ido a la quiebra por la pandemia mundial.
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