TEPETOTOTL | Pasajes de la revolución agraria

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La revolución agraria que emprendió Emiliano Zapata inició desde su pueblo natal Anenecuilco, Morelos. Desde niño y en su juventud le atrajeron los caballos, el idioma náhuatl y la charrería. Su espíritu guerrero lo afianzó y fortaleció al convivir con las mujeres y los hombres trabajadores del campo. Allá en la siembra del maíz y en las juntas donde asistió Zapata como representante de la defensa de las tierras de su pueblo. El movimiento que inició Pancho Villa en el norte, tiene cierta similitud, uno que otro personaje han dicho que es el Robin Hood de los mexicanos, el que le quita a los ricos para darles a los más pobres. Por eso, cuando sus nombres fueron creciendo de estado a estado hasta ser escuchados en el territorio mexicano, ambos decidieron reunirse y uno de ellos quiso sentir el poder al sentarse en la silla presidencial.

Cuentan los abuelos que ellos ni se enteraron que hubo una revolución mexicana. Quizá tengan razón porque no había medios electrónicos avanzados, ni televisores en los hogares de las familias rurales de aquellos tiempos. Si el perro ladraba es que por ahí acababa de pasar un fuereño. Si de momento llegaba un grupo de señores con sus fusiles y entraban como locos en los hogares, saqueando los alimentos de las familias que con mucho esfuerzo lograban producir en las tierras, eran motivo de espanto y más peligroso si se llevaban a las mujeres y a los hombres, o los mataban o se los llevaban en la bola. Mucha injusticia y pobreza, marginación y hambruna por aquellos años.

El 6 de enero del año de 1915 se proclamó la Ley Agraria, en Veracruz por Venustiano Carranza. En 1917, se reformó la constitución política siendo la más actualizada y re evolucionada de aquella época, este acontecimiento también sucedió en el estado de Veracruz, siendo gobernador Cándido Aguilar, yerno de Carranza. En el artículo 27 se planteaban los derechos de los campesinos para recibir tierras. Esos documentos legislativos fueron el sostén jurídico de los mexicanos, sobre todos de las mujeres y hombres del campo y pueblos indígenas. Sin embargo, no contaban con abogados, por lo que surgieron los defensores de las tierras, líderes naturales de cada región.

Quisieron callar a Zapata y a Villa asesinándolos, pero encendieron más la llama de la revolución agraria. Infinidad de héroes anónimos participaron en estos movimientos de defensas de las tierras. Algunos lograron ver su sueño realizado al constituirse legalmente su ejido o pequeña propiedad, otros lamentablemente no vieron, pero los que cosecharon fueron sus hijos y sus nietos el esfuerzo de ese gran trabajo a favor de las causas justas. Por la década de los treintas se veía rolar el dinero, sobre todo en tiempos de cosechas de determinados productos.

Con el pasar de los años, la lucha agraria sigue y hay muchos pendientes por resolver. Los ideales zapatistas, villistas y flores magonistas están vigentes, el país requiere un relanzamiento para el crecimiento de la productividad, la revaloración de lo que se produce en el campo y el fortaleciendo de la soberanía alimentaria. Estamos en riesgo cada día más al haber hambruna, escases en la economía y pobreza extrema.

(*) Escritor veracruzano de un rincón del Totonacapan.
Correo: venandiz@hotmail.com Twitter @tepetototl

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