La vid y el viñador

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En este día, 2 de mayo de 2021 celebramos el Domingo 5 de Pascua, Ciclo B, en la liturgia de la Iglesia Católica. El pasaje evangélico de hoy es de San Juan (15, 1-8): “Jesús dijo a sus discípulos: -Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. Al sarmiento que no da fruto en mí, él lo arranca, y al que da fruto lo poda para que dé más fruto-”.

LA VID Y EL VIÑADOR. Estamos ante la séptima expresión: “Yo soy”, dicha por Jesús en referencia a la Vid verdadera como una auto revelación importante de su identidad. La vid, junto con el olivo y la higuera son característicos de la vegetación palestina y símbolo del Pueblo elegido como en Oseas (10, 1).

La afirmación “mi Padre es el Viñador” evoca claramente el lenguaje contundente de los profetas. El peso de la afirmación de Jesús como Vid recae en el calificativo “Verdadera”, que implica la noción de exclusividad.

Sólo Jesucristo es la Vid que aporta fecundidad a los sarmientos, porque sólo él es la Vid definitiva que el Padre, como labrador, ha cultivado y nos ha regalado. La acción del Padre se manifiesta en eliminar a los sarmientos que no dan fruto en Cristo y limpiar, o podar, a los que dan fruto para que lo den con mayor abundancia.

PERMANECER EN CRISTO. El texto evangélico prosigue: “Ustedes ya están purificados por las palabras que les he dicho. Permanezcan en mí y yo en ustedes.

Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco ustedes, si no permanecen en mí. Yo soy la Vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante, porque sin mí nada pueden hacer. Al que no permanece en mí se le echa fuera, como el sarmiento, y se seca; luego lo recogen, lo arrojan al fuego y arde”.

La imagen del sarmiento que no puede dar fruto sin estar unido a la vid sirve para indicar la necesidad absoluta de estar unidos habitualmente a Jesús. Los discípulos son urgidos a la unión con Cristo por medio de la expresión: “permanezcan en mí” como condición para dar fruto, ya que separados de él no pueden hacer absolutamente nada. Quemar los sarmientos cortados por ser estériles resalta su inutilidad.

FRUCTIFICAR PARA GLORIA DE DIOS. El texto evangélico concluye: “Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y se les concederá. La gloria de mi Padre consiste en que den mucho fruto y se manifiesten así como discípulos míos”.

Permanecer en Jesús y hacer propias sus palabras en el corazón, comporta la promesa de que la oración de los discípulos será escuchada, como ya lo había prometido: “Porque yo voy al Padre y les concederé todo lo que pidan en mi nombre, para que el Padre sea glorificado en el Hijo” (Jn 14, 13).

En el discurso del Pan de vida, San Juan (6, 22-59) había expuesto el tema de la “Sangre de Jesús” de una manera polémica. En la Última Cena presenta esta alegoría cristológica de la Vid (Cf. Jn 15, 1-11). Sólo Jesús es la Vid que florece, madura y da vino abundante sobre el mundo.

La palabra central del pasaje habla de unirse a Jesús, permanecer en él, como un sarmiento que recibe de la viña buena la savia de la vida, pues Jesús es la viña del vino que alegra a todos los vivientes (Jc 9, 13).

Jesús aparece así como la Vid abundante y sagrada de la que mana la savia de vida para todos los que quieran beberla agradecidos. En este contexto resulta esencial la importancia de los sarmientos, es decir, de los creyentes. Central es la Vid, pero en ella resultan esenciales las ramas, es decir, los cristianos que aceptan y beben el vino de Cristo, convirtiéndose con él en verdadera eucaristía.

Alimentarse del Cuerpo y la Sangre de Cristo en la comunión significa poseer ya la vida eterna y realizar las obras de Cristo, que intercede por nosotros ante el Padre Celestial.

  • Arzobispo de Xalapa
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