Monseñor Hipólito Reyes Larios

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Ante la sorpresiva y triste partida del arzobispo de Xalapa, Monseñor Hipólito Reyes Larios, vinieron a mi memoria episodios con él, que retratan su solidaridad, espíritu de servicio y la grata amistad que nos unió.
En 1998, cuando con el licenciado Luis Pazos de la Torre acudí al Seminario Arquidiocesano de Xalapa a una conferencia, pude saludar a su rector, el Padre “Polo”, como era conocido por la mayoría de la gente. En ese entonces, él ya tenía tres años de servicio en las bucólicas instalaciones de “San Bruno”.
Unos años después, le solicité saludar a nombre de nuestro excandidato a gobernador al padre “Manuelito” Vásquez, quien fuera su maestro en el Colegio Cristóbal Colón y también compañero de estudios de mi papá en Roma, durante los años 30. Fue muy emocionante esa entrevista a la que acudí con mi hijo Librado a quien le dijo: “¡Con el 10% que heredes de tu abuelo…!”.
Yo ya tenía una magnífica impresión del entonces sacerdote y rector del Seminario Mayor, pues mi papá gozaba de la amistad de su exalumno. No tardé en aquilatar personalmente su dedicación a la formación de los seminaristas, misma que lo llevó a presidir la Organización de Seminarios Mexicanos en 1997 y luego, en 1998, de los seminarios latinoamericanos.
Cuando se crearon las diócesis de Córdoba y Orizaba me produjo una gran emoción que el “padre Polo” fuera consagrado en el orden del episcopado y nombrado el 15 de abril de 2000, por el papa Juan Pablo II, como primer obispo de la naciente diócesis de Orizaba, Veracruz.
Tras la renuncia de don Sergio Obeso Rivera por haber llegado a los 75 años de edad, la Santa Sede consideró la promoción del nuevo obispo a la arquidiócesis de Xalapa y, para gusto de muchos de quienes lo conocíamos, el 10 de abril de 2007, el papa Benedicto XVI lo nombró arzobispo de Xalapa. Recuerdo que asistí con mi hija Mónica al Seminario Mayor a su toma de posesión el 19 de junio del mismo año, cuando don Sergio le dijo con su gran voz y autoridad: “El báculo está aquí” y se lo entregó.
Fue emocionante, en el 2019, participar en una eucaristía con las Madres Adoratrices en el monasterio del Corpus Christi donde participaron varios maestros y mi hija Cristina acompañó con su voz y el órgano los cantos litúrgicos. Al final, monseñor le preguntó si era “monjita”, cosa que fue muy divertida, ya que Cristina no lo es. Ella siempre recuerda que nuestro arzobispo fue muy amable y agradable.
¿Cómo olvidar su apoyo constante brindado a todos los que lo buscaban? Recuerdo que en una ocasión le llamé para plantearle un problema y me contestó: “Ya no es problema, le vamos a entrar a resolverlo”. Con Sandra, mi esposa, tuvimos la fortuna de trabajar en muchos proyectos educativos para la formación integral de jóvenes y maestros. Siempre fue muy práctico e inspiraba serenidad y esperanza.
Cuando falleció el vicario general de la arquidiócesis, Gilberto Suárez Rebolledo, amigo entrañable de feliz memoria, tuve la oportunidad de llamarle y recibir de él palabras de aliento y paz. Inmerecidamente siempre gocé de sus atenciones y ejemplo incansable.
Monseñor “Polo” ya no está con nosotros en estas tareas seculares y mundanas, ahora nos toca a todos seguir la tarea de la comunidad cristiana universal. Es duro perder en tres años a tantos pilares de la Iglesia local pero esa ha sido la historia de los cristianos, siempre la causa por el prójimo encuentra quién continúe anunciando la Buena Nueva.
Que por la fe de nuestros padres, nuestro pastor alcance la vida eterna.
Twitter: @basiliodelavega

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