El día que Chespirito delató las identidades de El Santo y Blue Demon, nadie le creyó

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El Santo y Blue Demon, considerados como las dos más grandes leyendas de la lucha libre mexicana, lograron retirarse de los cuadriláteros con la máscara puesta y con el orgullo intacto, aunque hubo un episodio en el que el rostro de ambos fue expuesto ante el público por el famoso comediante Roberto Gómez Bolaños, “Chespirito”.
En su libro de memorias llamado Sin querer queriendo, el comediante recordó que durante un viaje de Nueva York a México que hizo escala en la ciudad de Miami, pudo viajar al lado de los dos gladiadores, con quienes había compartido una función especial en el Madison Square Garden.
Detalló que de la Gran Manzana a Miami platicó con el Enmascarado de Plata durante el avión, pero al momento de arribar al aeropuerto lo perdió de vista, por lo que se dio a la tarea de buscarlo en el aeropuerto.
“Yo notaba que faltaba algo que debía estar ahí. Ah, claro: lo que faltaba era un par de máscaras de luchador. Y mi mirada se paseó por todos los alrededores sin alcanzar a ver el menor vestigio de máscaras”, relató en su autobiografía.
Sin fortuna al inicio, fue al momento de llegar a migración donde pudo reencontrarse con el Santo y el Demonio Azul, aunque fue sin las máscaras puestas y gracias a sus agudos sentidos.
Ninguno de los dos gladiadores pudo ocultar nuevamente su rostro y los tres caminaron por el aeropuerto juntos, y ahí el poderoso actor de Televisa se atrevió a exhibirlos ante las personas que se acercaban a pedirle autógrafos, aunque sin fortuna. Primero hubo molestia, pero después se convirtió en un momento chusco.
“Estuve a punto de morir fulminado por las miradas que me lanzó Rodolfo Guzmán Huerta, nombre verdadero del Santo (¡y menos mal que se limitó a lanzarme miradas en vez de patadas voladoras o yeguas voladoras!), sobre todo cuando yo insistía: ‘¡De verás es El Santo! Lo que pasa es que se quitó la máscara’”.
Abundó que nadie le siguió el juego y que incluso ambos luchadores se atrevieron a reconocer que eran los personajes señalados, escena que acabó con una lapidaria frase lanzada por alguno de los dos involucrados y que decía: “Esa es la inobjetable realidad: sin la máscara no somos nadie”.

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