Investidura presidencial, soporte de institucionalidad

Este jueves 7 de octubre el Senado de la República entregó a la senadora Ifigenia Martínez la medalla Belisario Domínguez, la máxima distinción que otorga la Cámara Alta a un mexicano, instituida en honor del senador chiapaneco, opositor de la dictadura de Victoriano Huerta.
En el evento, sin embargo, destacó la ausencia del presidente Andrés Manuel López Obrador, quien días antes anunció que no asistiría debido a un presunto llamado de la senadora panista Lily Téllez, a faltarle al respeto a la investidura presidencial.
Hay quienes dicen que, de paso, el Mandatario evitó tomarse la foto con el senador Ricardo Monreal, uno de los aspirantes a sucederlo que va por la libre, pues no ha sido encartado en los nombres pronunciados por el propio López Obrador.
En su lugar, el titular del Ejecutivo envió al secretario de Gobernación, Adán Augusto López Hernández. Pero no fue igual, más porque a la ceremonia asistieron los presidentes de los otros dos poderes del Estado Mexicano, del Legislativo, en la persona de la senadora Olga Sánchez Cordero y del diputado federal Sergio Gutiérrez Luna, y del Judicial, Arturo Zaldívar.
Así que en vísperas de la discusión y votación de la iniciativa de reforma energética, quizá el Presidente dejó pasar una oportunidad de oro para acercarse al Senado. Ahora solo falta que los senadores no le vayan a cobrar el desaire con un voto en contra.
Y es que la Cámara Alta homenajeó a uno de los suyos, pues la maestra Ifigenia Martínez es la senadora de mayor edad en la 65 legislatura. Tiene 91 años y ha dedicado varias décadas de su vida a la política: ha sido cuatro veces diputada federal; dos senadora de la República. Fue precandidata a la Jefatura de Gobierno, secretaria general del PRD y embajadora de México.
La galardonada por sus aportaciones en el mundo de la economía y su lucha por la democracia en México es licenciada en Economía por la UNAM y fue la primera mexicana en obtener un posgrado en Economía en la Universidad de Harvard. Hace 71 años fue cofundadora de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
Ha sido reconocida en varias ocasiones. En 1960 recibió el premio nacional de Economía; en 1966 fue condecorada como la “Mujer del año” y ha sido considerada una de las 10 mujeres intelectuales más importantes de América Latina.
Dicen las crónicas que ayer, con la felicidad reflejada en el rostro, la legisladora y economista leyó el acuerdo que le confió la Medalla de Honor y logró que durante dos horas se olvidaran las diferencias políticas en el Senado, donde los aplausos fueron unánimes tanto de senadores de izquierda, como de centro o de derecha.
En su discurso, la homenajeada destacó la necesidad de retomar las expresiones de madurez institucional que deben privar en el país, y el refrendo del respeto a la división de Poderes que debe mantenerse incólume, “sin amenazas ni presiones”.
La maestra Ifigenia señaló que es el tiempo de la unidad de la República en torno a los grandes objetivos nacionales que se deben compartir con respeto a la pluralidad democrática y que la presea es un gran estímulo para continuar sus actividades profesionales en el ámbito de la economía política, con base en un análisis objetivo de las condiciones económicas y sociales del país.
En el día de la senadora, en la Cámara Alta la nota fue la ausencia del Presidente de la República como telón de fondo, para dejar a salvo la investidura presidencial como soporte de institucionalidad.

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