Tras la partida de Vicente Fernández, el futuro de la canción ranchera tiene rostro de mujer

El Rey ha muerto… y ya no hay Rey. Pero puede haber Reina, si no es que ya la hay. De hecho, pueden ser varias, ya que hay muchas intérpretes de música ranchera que pueden ocupar el lugar que por cinco décadas ostentó Vicente Fernández, para convertirse en la imagen de la música mexicana ante el mundo.

Vicente llegó a la escena musical a finales de los años sesenta —después de la muerte de Javier Solís—, y se consolidó como Rey absoluto tras el deceso de José Alfredo Jiménez en 1973, convirtiéndose virtualmente sin competencia en el principal exponente de la música mexicana a nivel internacional.
Acaso el único que estaba por encima de él era don Antonio Aguilar, pero era mucho más ceñido a las tradiciones y su espectáculo era más familiar, por lo que Chente se estableció como un embajador incansable.
Ahora bien, aún desde antes, desde la época de Jorge Negrete y Pedro Infante, de Miguel Aceves Mejía y José Alfredo, existía una tradición de mujeres que cantaban vernáculo con tanto o más sentimiento que ellos: Lucha Reyes, Lucha Villa, Amalia Mendoza ‘La Tariácuri’, María de Lourdes —que viajaba de manera incansable por Europa para dar recitales de música mexicana —, Queta Jiménez ‘La Prieta Linda’ y la enormísima Lola Beltrán, quienes aportaron muchísimo a la creación y difusión de temas icónicos del cancionero tradicional mexicano y de composiciones más contemporáneas que llegaron muy lejos.
Lo triste en este caso es que siempre las figuras masculinas opacaron a las femeninas, no tanto por una cuestión de talento (Lola Beltrán, por ejemplo, tenía muchísima mejor voz que Javier Solís y todo el mundo lo sabe) sino del machismo bastante arraigado en la industria de la música en México que siempre tendió a favorecer más a los hombres en el terreno de lo vernáculo que a las mujeres. Sin embargo, esta tendencia ha ido cambiando con el paso de los años, con la mujer dejando de ser comparsa, para volverse la voz cantante.
No hay que olvidar que fue Lucha Villa quien más apoyó en su momento a la carrera de Vicente, y muchos años antes de que se viera forzada a retirarse por un procedimiento cosmético que salió mal y le provocó daño cerebral, ella fue quien lo llevó como comparsa en sus presentaciones en el teatro Blanquita de la Ciudad de México, donde Chente aprendió lo que era el favor del público.


Hoy en día, hay una más diversa oferta de cantantes de auténtico sabor ranchero entre las mujeres que entre los hombres. Aunque Alejandro Fernández sería el obvio heredero de su padre, lo cierto es que luchó por muchos años para establecer su imagen independiente y su estilo que fusiona el pop con el regional, pero se decanta para otro tipo de público, algo que Pedro Fernández y Pepe Aguilar también han hecho, y Alex Fernández Jr. aunque canta bien, está a años luz de llegarle a su abuelo.
Esto es lo que lleva a pensar que el próximo gran rostro de la música regional y vernácula de México será femenino; que quien será la principal exponente puede ser una mujer. ¡Y ya era hora!
Ahí está la decana, la magistral Aída Cuevas, que lleva 45 años como representante, portando el traje de charro con la misma elegancia y porte que cualquier otro intérprete del sexo opuesto.
El medio ha sido injusto con Aída, que le ha dado a la canción ranchera sus mejores años y aunque es una celebridad por mérito propio, merece más reconocimiento del que tiene.
O Lucero, aunque ella solo ocasionalmente canta con mariachi— lo hace maravillosamente (basta oír su interpretación de ‘Llorar’) pero no es algo que sea realmente prioritario para ella, como lo fue para Vicente, o Jorge, o Pedro, o Javier.
Y desde luego, hay una figurita que es muy importante, que estuvo presente en el sepelio monumental de Vicente y que, pese a pertenecer a otra dinastía, puede ser realmente quien tome el relevo y lleve al mariachi y la música mexicana, que por la ONU son patrimonio cultural de la humanidad, a nuevas alturas; se trata, por supuesto, de Ángela Aguilar.
Solo tiene 18 años, pero tiene el abundante carisma de sus abuelos, una voz única y un talento innegable. Ella puede, y seguramente conseguirá, llevar lejos los temas que conforman la tradición nacional. Puede hacerlo y con el apoyo de su padre, tiene los medios. Pero sobre todo tiene un extra: la juventud, la frescura y la naturalidad que es la que distingue a los verdaderos ídolos de los que solo son pasajeros.
Y es seguro que el propio Vicente estaría de acuerdo. Con él se cierra un ciclo legendario y se abren las puertas a un futuro. Y el futuro, es femenino.

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