SABERES Y SABORES |Contra el instinto sexual está la castidad

El hombre esclavo de sus instintos en el campo sexual se convierte en animal, se desnaturaliza de su condición de persona libre y de su condición de sujeto. Emplear mal la capacidad sexual es una traición a la sexualidad humana. La castidad es la recta ordenación de las fuerzas sexuales y de la afectividad en el hombre, de este modo, se trata también de la condición integral de la persona, por ejemplo, el hecho de poder ser inteligente y dueño de sus propios instintos.
Para hablar de la castidad resulta fundamental entender la virtud de la templanza; una persona con templanza reacciona de manera equilibrada, pues goza de un control considerable con respecto de sus emociones; asimismo, es capaz de dominar sus impulsos y tiene dominio sobre aspectos como el alcohol, la comida y el sexo. Ésta en una persona templada, como el clima, ni mucho calor ni mucho frio.
Para muchos resulta imposible guardar la pureza del cuerpo, también lo es guardar la pureza del corazón y la del pensamiento. Si no vigilas tu imaginación, tus pensamientos e intenciones, será imposible guardar la castidad.
El hacha se hizo para cortar de tajo, cortar toda comunicación con mensajes, imágenes, películas, series en las cuales se expone al cuerpo como objeto de placer, así como con personas nocivas. Estas escenas dañan la mente porque la pureza no puede guardarse en una memoria que recuerda escenas lujuriosas; es necesario aprender a mortificar o someter los sentidos.
La castidad es una virtud, ésta se manifiesta con los gestos del cuerpo; no es posible mentir con respecto a ello, como se pueden decir mentiras con las palabras. También se puede mentir con los gestos, un ejemplo es el de Judas, el traidor, quien con un beso entregó a su maestro; sus gestos no concordaban con sus intenciones ni mucho menos con su pureza.


Todo el cuerpo se debe de convertir en “rostro”, éste se da a conocer con palabras, gestos y actitudes. Es necesario descubrir al otro como persona, conocer su historia, el pasado, el presente y lo que desea en el futuro y, así, escuchar el relato de su vida sin prejuicios. Entrar en relación con el otro implica comprender y ser paciente al escuchar, evitando hacer sugerencias, porque esto nos llevará a conocer al otro, y poder asumir las diferencias de cada uno.
El cuerpo es mero instrumento intrínseco del hombre y de la expresión del ser personal; es decir, mi cuerpo soy yo hecho carne. “Un corazón casto es un corazón amante” porque la castidad es una cualidad del amor, en la cual éste se hace transparente. La castidad es bella, pero requiere de esfuerzo para vivir en la verdad de lo que es uno mismo y sin dobleces. Esta verdad ilumina al ser y, por ello, me muestro tal cual soy; me hace radiar una luz, con la cual me muestro libre de prejuicios y que se manifestará en el amor.
El camino de la lujuria es tratar como objeto a la otra persona, sin embargo, amar es hacer alianza con el otro: el otro puede contar conmigo. Los amigos, entre sí, dan lugar a diferentes formas de alianza y la fidelidad es una forma necesaria en toda expresión de ésta, lo cual no así con el deseo.

RECOMENDACIONES:
Cuidar los pensamientos: la mente es la loca de la casa y ¡con mucha razón! A través de nuestros pensamientos llegamos a fantasear o a desarrollar deseos que van en contra de la castidad.
La pureza de intención: tus intenciones deberían ser positivas y propositivas, busca siempre hacer el bien.
Purificar la mirada: la falta no está en la mirada, sino en el deseo, así que mantente atento. Recuerda que con la mirada también se activan los sentidos.
Limpiar el corazón: mediante la confesión y la oración.
No cabe duda de que la castidad perfecciona al hombre en su misma condición de hombre. Una perfección, en lo esencial, siempre es un bien. El bien, en sus múltiples formas, es un valor.

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