Meditemos | La obesidad diezma a la humanidad

A lo largo de cincuenta y ocho años de ejercer la medicina clínica me he percatado que los pacientes que vi, quizá se cuenten en unas 400 mil consultas en términos medios y, no es difícil sean más, porque las tengo debidamente registrados en mi diario personal, no por nombres sino contabilizados por mes y año. Es interesante hacer esto, porque me da una mezcla de satisfacción y nostalgia por tiempos que se fueron sin sentir.
Diariamente llegaban al consultorio y una pregunta programada era emitida, “¿es diabético, cuánto tiempo hace, cómo está su glucosa, su presión arterial y su colesterol?” Y la contestación, “todo bien, soy diabético desde hace veinte años, pero mis datos de hace dos días son, glucosa 140 a 150, la presión 147/90-85, colesterol de 220 y no tengo molestias”. Generalmente el paciente tenía un frondoso y lucidor abdomen.
A continuación venía la perorata del médico para explicar que con esos resultados su organismo está pasando por un proceso inflamatorio importante que causará progresión de esas cifras y daño orgánico en todo órgano vital de su organismo. Algunas ocasiones el paciente se sensibilizaba y algunos menos intentaron cambiar, pero a muchos la indicación médica les causó incomodidad e incredulidad, ¿Cómo iba a estar mal si ellos se sentían bien “nada les duele”.
La siguiente descripción ha sido tomada, con alguna edición personal, para facilitar su comprensión a los lectores no dedicados a esta rama de la medicina, del magnífico artículo del Dr. Edgar Acosta G., investigador de INVESNUT-UC, publicado en Federcion Bioquímica de Provincia de Buenos Aires, 2013.
La intención de transcribir este texto ha sido ofrecer una vision general de la complejidad que esconde la obesidad como enfermedad, a la sociedad general y al obeso en particular. Por favor lea usted con atención lo que el autor de este artículo expone y acepte nuestra disposición para dialogar con las personas que quieran manifestar alguna duda despertada por su interés en este tema que ya se considera un problema de salud mundial.


““El tejido graso (adiposo) en las personas obesas está infiltrado por una cantidad significativamente superior de macrófagos que en los individuos de peso corporal normal. Los macrófagos son glóbulos blancos (leucocitos) que envuelven a los microorganismos extraños que llegan al cuerpo, como bacterias y virus y diversas sustancias orgánicas, los digieren y destruyen como fase inicial de un proceso inflamatorio desencadenado.
Los macrófagos son atraídos al tejido adiposo debido a la muerte de adipocitos (células grasosas) hipertrofiados o por la secreción de citoquinas proinflamatorias que son pequeñas proteínas que controlan, el crecimiento de diversas células inmunitarias, los leucocitos B, T y neutrófilos, vitales en la defensa orgánica inmunitaria natural.
Durante la obesidad, el tejido adiposo secreta grandes cantidades de adipoquinas creando un medio interno proinflamatorio. Entre las adipoquinas se encuentran el factor de necrosis tumoral alfa y la interleuquina 6 que se producen en mayor cantidad en el tejido adiposo visceral que en el subcutáneo. Estas citoquinas proinflamatorias se encuentran involucradas en la resistencia a la insulina, ya que entre otros mecanismos, interfieren con la ruta de la acción de la insulina. Durante la obesidad existe un estado de estrés oxidativo caracterizado por elevadas cantidades de especies reactivas de oxígeno, el cual se ha asociado con la resistencia a la insulina, con la diabetes mellitus y adicionalmente permiten perpetuar el ambiente inflamatorio típico de la obesidad, mediante la activación del NF-kB, grupo proteico que controla eficazmente el crecimiento celular, su supervivencia, respuestas inflamatorias e inmunitarias, y cuyo aumento desencadena severos trastornos inflamatorios que pueden llevar a una cascada de inflamación sistémica crónica y creciente, que llega a ser letal””
Como habrá apreciado, la obesidad suele ser el “gatillo” que dispara esta avalancha de eventos inflamatorios generados y mantenidos por las citoquinas producidas por las células grasosas del tejido adiposo en exceso y, no solo la grasa corporal de todo el cuerpo, sino que la localizada en abdomen y vientre es más que suficiente para desencadenar este proceso patológico.
Puede usted se flaco pero panzón y eso es suficiente para desarrollar la tormenta de citoquinas que lo llevaran a la inflamación corporal crónica y daño progresivo de órganos vitales, empezando por hipertensión, resistencia a la insulina, diabetes y su cortejo letal silencioso, la elevación de las grasas en las que el colesterol, a veces es el más inocente de los participantes, debemos saber cómo están las demás grasas (lípidos) corporales, por lo que la vigilancia de este aspecto debe hacerse con el control periódico del Perfil de lípidos y no solo colesterol y triglicéridos.


Perdone usted que lo metamos en conflicto y se sienta obligado a leer estos conceptos nada habituales, pero siempre presentes en su vida cotidiana.
Para finalizar un dato que será revelador para usted, México ocupa el primer lugar en obesidad infantil en el mundo y el segundo lugar en adultos. (ENSANUT 2021, y el futuro de estas personas, desde hoy lo ensombrecen la hipertensión, diabetes y trastornos en las grasas corporales que les causará, tarde o temprano, eventos cardíacos potencialmente mortales.
Luche usted por no engrosar esta estadística y vivirá más años, con la felicidad que da la salud, sin el desagradable aspecto de su abdomen “en tonel”.

hsilva_mendoza@hotmail.com

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