El Espíritu del Señor está sobre mí

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El evangelio de este domingo comienza con la explicación de san Lucas a su amigo Teófilo sobre los motivos que tuvo para escribir el evangelio. En resumen, dice que se trata: “De escribir la historia de las cosas que pasaron entre nosotros… como nos las trasmitieron… para que veas la verdad de lo que se te ha enseñado”. Según esto se trata de una historia, es decir la historia de Jesús; se trata de una transmisión, es decir de una tradición y todo esto: “para que veas la verdad de lo que se te ha enseñado”.

Con esto, san Lucas se presenta como un testigo veraz, como un servidor del Reino, como un evangelizador a través de su escrito. Luego, el evangelio nos dice que después de que Jesús fue tentado por Satanás: “Impulsado por el Espíritu, volvió a Galilea. Iba enseñando en las sinagogas; todos lo alababan y su fama se extendió por la región”. Fue así como llegó hasta la sinagoga de Nazaret y ahí leyó un fragmento del capítulo 61 del profeta Isaías donde se dice: “El Espíritu del Señor está sobre mí porque me ha ungido para llevar a los pobres la Buena Nueva…”.

Una vez que Jesús termina la lectura, san Lucas dice que: “Los ojos de todos los asistentes a la sinagoga estaban fijos en él” y enseguida Jesús se aplica el texto a sí mismo diciendo: “Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír”. Así pues, Jesús es el ungido por el Espíritu Santo y esta es su misión: “Llevar a los pobres la buena nueva, anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor”.

Después de las palabras que leyó Jesús, el profeta Isaías agregaba: “y el día de la venganza de nuestro Dios”. Pero Jesús omitió esa frase para indicar que él venía bajo el signo de la misericordia y del amor de Dios. El viene para salvar, no para condenar. En él, el amor de Dios llega a todos aquellos que creen en su palabra.

Esta misión de Jesús ahora se realiza a través del ministerio de la Iglesia. De hecho, cuando anunciamos el evangelio son los pobres los que acogen con más entusiasmo la palabra de Dios. Además, la Iglesia lleva el evangelio también a los Centros de Readaptación Social, a los que están privados de su libertad y la verdad de Jesús los hace libres (cfr. Jn 8, 32).

Por otro lado, sabemos que la palabra de Dios es lámpara para nuestros pasos (cfr. Sal 119(118), 105) y el que acepta el evangelio su vida se ilumina y libera de muchas opresiones, especialmente de la opresión del pecado y finalmente él mismo se convierte en luz del mundo por las buenas obras (cfr. Mt, 5, 14-16) o por el anuncio específico de la Palabra de Dios (cfr. Rm 10, 17).

Nosotros, desde nuestro bautismo, también hemos sido ungidos por el Espíritu Santo y recibimos una nueva efusión del Espíritu en el sacramento de la confirmación (cfr. Hch 8, 14-16). Ahora, como Jesús, ungidos y guiados por el Espíritu Santo, debemos realizar nuestra vocación y misión en el orden del anuncio de la palabra, de la liberación, de la curación y de la libertad a los oprimidos, en la forma y en el grado que corresponda, conforme a nuestro estado de vida en la Iglesia y en el mundo.
Así pues, el evangelio aceptado y predicado ilumina, el evangelio libera, llevemos esa luz y esa libertad a los pobres, a los que están en tinieblas, a los que están oprimidos por el mal. Que Dios bendiga a todos aquellos que, con el don del Espíritu Santo y guiados por él, hagan la voluntad de Dios en su vida y en favor de sus hermanos. ¡Que así sea!
Administrador Apostólico de Xalapa.

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