SABERES Y SABORES | La voz de la conciencia

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Meditando en mi interior, me dije a mí mismo que es importante vigilar mi proceder para no hablar de más y bla, bla, bla. Cuando resulte necesario, sería capaz de ponerme una mordaza en la boca, de ese modo no se me iría la lengua. Ya tengo bastante con mis pensamientos como para lidiar con mi lengua, por ello, debo estar más atento para que mi corazón no me reproche nada.
La conciencia posee fuerza para juzgar y sopesar con la mirada misma de aquel que la ha creado. “El hombre descubre una ley que él no se da a sí mismo, sino a la que debe obedecer y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los oídos de su corazón, llamándole siempre a hacer el bien y evitar el mal” (CIC). En otras palabras, es una voz suave que va resonando en el interior de nuestro ser, chisteando pst, pst, escucha, haz esto, o evita aquello.
Creo que el hombre debe seguir lo que sabe que es recto y, además, justo. La conciencia nos da órdenes, suena la campana, nos dice es por aquí, o nos advierte ¡cuidado! Ella cuida tus pasos y tu lengua. Asimismo, nos “gobierna” si la escuchamos y le hacemos caso.
Es importante que cada uno ponga atención para escuchar su voz, ella nos quiere guiar. La conciencia no se ve, no se toca, no se sabe a ciencia cierta en dónde está. Se intuye, pero no se reconocen claramente sus propiedades y características.


Las personas entienden que el enunciado “estoy consciente” significa saber qué está sucediendo, percatarse de lo circundante y que se es sensible ante los deseos internos, los dolores, los pensamientos y los sentimientos. Ese entendimiento está de acuerdo con la derivación de la palabra “saber”, por ello, es necesario interrogar a la conciencia. Ella sabe porque te conoce, te entiende, te corrige y te impulsa a retomar el camino del bien…
Considero que podemos llamar prudente a quien elige conforme al dictamen de su conciencia, pues, de este modo, es posible asumir la responsabilidad de los actos realizados con sentido de responsabilidad.
El hombre no debe ser obligado a actuar ni se le debe impedir que realice sus acciones, él tiene el derecho de proceder en conciencia y libertad.
Para no errar o equivocarse, es posible formar la conciencia.
Entonces, ¿cómo se forma a la conciencia para que sea recta y veraz? Esta tarea es de toda la vida. Desde pequeños se recibe una educación, en la cual se aprenden los valores, las virtudes, los buenos hábitos, los usos y costumbres.
El inconveniente radica en que, como familias, hemos perdido terreno ante el gobierno que nos ha arrebatado la educación de los hijos, de los adolescentes y jóvenes, creando leyes que dañan a la sociedad. Además, en los planes de estudio se han filtrado nuevas ideologías y corrientes, a las cuales debemos estar atentos como padres para contrarrestar algún efecto negativo y, asimismo, debemos trabajar en el interior de la familia. Una buena educación de la conciencia en los niños, jóvenes y adultos “garantiza la libertad y engendra la paz”.
Por consiguiente, la conciencia puede ser mal enseñada, mutilada, o apagada por las faltas a la moral y porque muchas de ellas se adoctrinan por parte del gobierno. Además, por los yerros repetidos una y otra vez, existen faltas habituales que se van aceptando en la sociedad, ello nos puede endurecer tanto, que callamos la voz de la conciencia sin ningún remordimiento.
Podemos concluir entonces con los siguientes puntos:

  1. La conciencia es una buena guía únicamente cuando ha sido instruida.
  2. La conciencia es una voz moral dentro nuestro que nos acusa o excusa de nuestras acciones.
  3. La conciencia debe alcanzar un juicio autónomo.
    ¡La conciencia que hemos recibido del creador nos impulsa hacia el redentor!
    ruan-62@hotmail.com
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