La cobarde traición de Sean Penn que puso en peligro la vida de Kate del Castillo

Ahora que Kate del Castillo ha confesado su desprecio hacia Sean Penn —que se lo merece; sus más recientes declaraciones sobre la «feminización» de los hombres en Hollywood, después de haber ganado un Oscar por interpretar a un activista LGBTQI como lo fue Harvey Milk, es para repudiarlo por hipócrita— en entrevista con Javier Poza, hemos revivido el momento aquel, hace cinco años, en que el nombre de Kate estuvo en boca de todos por haber sido la artífice del encuentro entre el actor y «El Chapo» Guzmán, para que el exmarido de Madonna y de Robin Wright pudiera entrevistar al narco, hoy condenado a cadena perpetua pero entonces prófugo de la justicia.
La mexicana admite que sí tuvo una relación sexual con Penn, pero afirma, categóricamente, que no estaba y nunca estuvo enamorada de él; aunque si hacemos un poquito de historia y vemos su documental de Netflix ‘Cuando conocí al Chapo’ (2017), en el que da a conocer a la periodista Lydia Cacho la historia de cómo ella y Penn conocieron al narcotraficante, el tono es ligeramente distinto.
La discrepancia dice mucho, ya que en una de las escenas del documental la periodista la cuestiona acerca de la naturaleza de su relación y la propia Kate repuso con una frase que resultó contundente —y de hecho, hasta se convirtió en un famoso meme de Internet: «Pues caí, amiga, ¿qué te puedo decir?».

LA ATRACCIÓN FATAL

Sean y Kate se habían conocido tiempo atrás porque él era conocido de su exnovio, Demián Bichir en Los Angeles, tenían amistades en común y orbitaban en los mismos círculos cuando ella se mudó a Hollywood para hacer carrera en EEUU. Pero nunca hubo realmente nada entre ellos porque él primero estaba casado con Robin Wright (con quien estuvo más de 20 años) y luego tuvo sonadas relaciones con Scarlett Johansson y Charlize Theron (que, por cierto, ambas le aplicaron el «ghosting»).
En 2015 fue que se dio el acercamiento entre ambos con el tema de «El Chapo», tal como ella lo contó a Adela Micha en una entrevista que ella le hizo en California, cuando se suscitó el escándalo y Kate no podía regresar a México por temor a ser cuestionada o detenida por las autoridades:
«Creo que había cierta admiración y me atrevo a decirlo también por él hacia mí. Nos llevamos muy, muy, muy bien. Hablamos horas y horas, vino a mi casa varias veces. Lloramos juntos, reímos juntos, nos emborrachamos juntos», dijo en su momento Kate a Micha, en lo que sería una versión más controlada de lo que le diría a su vez a Lydia Cacho en el documental que ella produjo.
Cuando viajaron a México para el encuentro con el capo, quien organizó todo, siendo el objeto de confianza de Guzmán, fue ella, arriesgando su pellejo (y no solo su reputación) y su integridad.
Suena como una película de aventuras (pasar de un avión a otro, ir a escondidas, todo tal como lo contó Penn en su texto para la revista), pero en realidad puede ser visto como algo pesadillezco: es por ello comprensible que, habiendo puesto tanto en la línea de fuego, Kate esté furiosa con ese ingrato de Penn, que tomó todo el crédito y la dejó ante el mundo como una «ingenua» (y que conste que ese es el término que usó la Cacho para describirla) y quizá no tanto por haber tomado la infatuación obvia de ella hacia él, para tener sexo, lo que queda como un detalle más a lo que fue un viaje dantesco a encontrarse cara a cara con el diablo mismo.
Luego Penn trató de pintar al «Chapo» como un héroe popular (tipo Robin Hood) en su texto, antes de traicionarlo con la DEA para que lo capturaran (cosa que consta en el juicio), lo que alarmó a Kate porque ella, siendo el enlace, pudo ser considerada una traidora (aunque las circunstancias la eximen de toda culpa en ese aspecto).

LA TRAICIÓN QUE NO PERDONA

De acuerdo al documental de Cacho, Kate fue víctima de las manipulaciones del actor estadounidense y «pecó de ingenua» y tanto Penn como la revista que le comisionó el texto la «usaron» por el simple hecho de ser mexicana, algo que Cacho consideró sexista y racista.
«Penn en su frívola crónica narra cómo presionaba a Kate para conseguir la información de pertinencia periodística. Kate había pedido a Sean Penn que la incluyera como coautora de la crónica, después de todo, la que de verdad se había arriesgado como una buena reportera era ella», escribió Cacho en la revista Proceso. «Rolling Stone y Penn se rehusaron a darle el crédito merecido, la usaron como si fuera una fuente cualquiera y ser mexicana le impedía tener el estatus para aparecer como autora de tan reconocida revista americana».
Sea como fuere, Kate reconoció ante Cacho que sí hubo una infatuación involucrada y que se sintió traicionada por Penn, ya que éste se aprovechó de su vulnerabilidad y sus emociones para obtener lo que deseaba: un encuentro personal con el líder del cartel de Sinaloa, a quien Kate buscaba «humanizar», con la intención de hacer un filme acerca de su vida, considerando el hecho de que Guzmán le había declarado su admiración y que veía todos sus trabajos televisivos después que Kate tuvo aquella famosa ocurrencia de hablarle directamente y cuestionarlo en redes. ¿Pero a los 45 años que la actriz tenía entonces, no habrá pecado realmente de imprudente y codiciosa?
Desde luego que Penn se aprovechó de ella, eso salta a la vista. Y el que ella hubiese creído que vivía un tórrido y aventurero romance con este sujeto, para luego verse expuesta y en peligro, es más que razón suficiente para que esté furiosa con él por el resto de sus días. Sin embargo, ella sabía que era riesgoso establecer contacto con alguien como Guzmán y lo hizo por su propia voluntad. Ella sabía a lo que se arriesgaba.
El documental de Kate, entonces, sirve como testimonio de que ella tiene toda la razón para decir que él es un gañán: «Ha sido un proceso muy duro y desgastante; muy doloroso, muy penoso en todos los sentidos, pero voy a seguir firme porque quiero y porque puedo, y porque es mi derecho», enfatizó con Poza. «Voy a seguir ahí luchando para que, por lo menos, se me pida una disculpa pública, que creo es lo que me merezco».

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