SABERES Y SABORES | ¡Shhh! silencio…

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Cuando las personas se dejan alcanzar por el silencio son capaces de escuchar las voces de aquel que les habla desde su interior, por medio de los acontecimientos, de la voz de las personas, de su propia palabra, entre otras formas más, como vías de comunicación. Hay que escuchar en el silencio.
El silencio común se entiende como la ausencia de ruidos; es el sigilo o la escasez de una voz. No se oye nada; no hay noticias, temas o excusas sobre cualquier asunto. Todo está en silencio.
Se puede considerar al silencio como un respiro hacia el interior de nuestro ser. Es escuchar con los “oídos del corazón”. Los ruidos y cacofonías, del mismo modo que los sonidos desagradables al oído, interrumpen la voz de quien quiere hablarte desde tu interior.
Hoy, en la actualidad, la vida está atormentada por ruidos e imágenes… ires y venires. Por ejemplo, cada lector o lectora tiene sus pausas y sus silencios, así como sus espacios y momentos para escuchar.
Pensar en el silencio conlleva alcanzar la libertad. Se debe pensar libre, con sentido de responsabilidad y, así, controlar a “la loca de la casa”: la mente. Ésta suele andar por doquier, errática, suelta y enfocada más en los problemas que en las soluciones.


La imaginación, la cual no suele tener los pies en la tierra, anda errante y sin control, por ello, es de sabios y triunfadores someterla. ¡Qué miedo le tenemos a la loca!, pero ésta no es cualquier loca, ella posee proporciones estratosféricas y es nada más y nada menos que la imaginación.
No me refiero a una imaginación creativa, sino más bien a una imaginación que divaga; como la de aquellos que, lejos de concretizar una idea, embarran todas las paredes para expresar tan solo una idea, por cierto, escasa de claridad y de control.
El silencio interior nutre el alma, donde radica la inspiración, porque brota en ella un manantial de sabiduría. Nuestras vivencias poseen varios terrenos de expresión, puede ser la música, la literatura, el arte, la espiritualidad, entre otros más.
La sintonía entre la escucha y el silencio armoniza el interior que aguarda y, ante la más mínima insinuación, es capaz de entender la voz: “el mensaje” del que habla.
En efecto, el silencio es una forma de comunicación, porque permite que el otro hable, mientras uno escucha. Además, nos conlleva a poner atención y concentrarnos en las palabras que llegan a nosotros; bien se trate de un ser humano, de la creación o del mismo creador, quien continuamente habla en el silencio para dar a conocer su saber.
En el hombre, el silencio puede ser también un reflejo de la paciencia en los momentos de la adversidad. “Hay tiempos de callar y tiempos de hablar”; un silencio puede significar indecisión, reprobación, duda, o confusión, así como aceptación, por efecto del temor o respeto generado.
Por lo anterior, yo prefiero el humilde silencio que me permita meditar en mi corazón, no solo en el reposo, sino también en la apertura a la revelación, que se ha prometido a los pequeños.
En el fondo, todo ser humano anhela el amor, la verdad y la belleza; de ahí deriva el hecho de que en el silencio puedes mirar, admirar y callar ante lo que es necesario expresar mediante las vivencias y la experiencia, para aprender, comprender y transmitir el silencio que nos acompaña en el viaje hacia la libertad de tomar los caminos de los pequeños, sencillos y simples silencios. ¡Shhh, silencio!

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