Una ganadora de los Premios Goya tira un palo demoledor al cine español

Los buenos discursos se hicieron esperar en la 36 edición de los Premios Goya hasta que El buen patrón consiguió su primer cabezón de la noche.
Cuando ya superaba la hora de emisión, la ceremonia premió a la película más nominada de 2021 -con 20 candidaturas- en la categoría de Mejor música original.
Y fue su ganadora, la compositora Zeltia Montes, quien dio la nota más llamativa, porque más que el premio ganó el haber concienciado a España y la industria de una realidad para muchos desconocida.
Y es que su discurso llegó con nervios pero con azote directo para los productores de cine de España.
Temblando, sin poder contener los nervios y la emoción del momento tras ganar el primer Goya de su carrera, la compositora de 42 años comenzaba un discurso que dejaría a muchos boquiabiertos.
«Mamá el premio es para ti, yo solo tuve que hacer lo más fácil y más bonito, que era componer música, pero ella tuvo que trabajar mañana, tarde y noche durante muchísimos años para pagarme una educación carísima y para que su hija pudiera hacer lo que le gustaba” comenzaba diciendo.
El reconocimiento al sacrificio familiar continuaría con palabras para su padre, contando a los asistentes y el público que su padre intentó ser director de cine y cantautor, y esperaba con su premio que “lo haya conseguido a través de mí”. Pero también siguió reflejando el sacrificio de las mujeres en el oficio que adora comenzando, así, un azote personal que ha retumbado alto y claro.
“La historia de la música no ha sido agradecida con las compositoras, tampoco lo ha sido la historia del cine” decía todavía nerviosa. “Lo que las compositoras no han tenido es oportunidad. Esta oportunidad que yo he tenido se la dedico a todas las mujeres que cada día no se acuestan por la noche componiendo música”.
Y es que en 36 años de vida que suman los Premios Goya, solo en cuatro ocasiones se premió el trabajo de una mujer o mujeres en la categoría de mejor música original, evidenciando la precariedad profesional que sufren las mujeres de dicho sector en la industria del cine.
Eva Gancedo lo ganó en 1997 por La buena estrella, repitiendo en 2005 junto a otros compañeros por Habana Blues, mientras Aránzazu Calleja y Maite Arroitajauregi lo consiguieron por Akelarre en 2020. Y Zeltia Montes no iba a perder su ocasión única para dar a conocer la precariedad que sufre.


«Me gustaría que los productores reflexionaran sobre cuánto hace la música por sus películas. Esta es una profesión muy precaria. Generamos una cadena de explotación en la que los músicos siempre salen perdiendo» comentaba, mientras compartía con los espectadores que los presupuestos de Hollywood dan mucha más relevancia y valor a la composición musical. Mientras en España vive una realidad diferente que la llevó a ella, y otros en general, a buscar oportunidades en otros países.
En su caso, lleva dividiendo su labor entre España y Los Angeles pero, según dio a entender en su discurso, sin lograr sentirse valorada profesional y económicamente a pesar de su preparación y talento.
Porque ese fue uno de los puntos principales de su reflexión. Que con el esfuerzo de su madre estudió 18 años en el conservatorio, para seguir formándose hasta el punto de estudiar varios años composición de cine y hasta en el Berklee College of Music de Boston.
En más de una década solo ha compuesto unas 15 bandas sonoras solamente entre cine y series. Sin embargo, manifestó los esfuerzos imposibles que le piden los productores a la hora de componer música y volcar su pasión a una obra cinematográfica, sin la remuneración que conseguirían otros departamentos.
Con su discurso, Zeltia Montes puso de relieve una realidad desconocida para los espectadores de a pie, y es que los productores de la industria del cine español no darían la misma importancia a la música como hace Hollywood.
Esa protagonista constante de la que dependen intrínsecamente todas las historias, siendo responsables de emocionar, impactar y acompañar una narrativa a lo largo de un metraje completo.
Un zasca para que los productores reflexionen pero también los espectadores. Al oír su discurso, y si prestamos atención, más de uno seguramente escuchará la música en el cine dándole una relevancia diferente.

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