La invasión a Ucrania: ¿decisiones búmeran?

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De acuerdo con el diccionario, el búmeran o bumerán, del inglés boomerang, es un arma de longitud variable, rara vez superior a los 50 centímetros, ligeramente curvada en ángulo hacia su mitad, que tras ser lanzada, si no impacta el objetivo, regresa a su punto de origen debido a su perfil aerodinámico y forma de lanzamiento especiales.
Desde el punto de vista de la psicología, valdría la pena hacer un paralelismo con cierto tipo de decisiones que, consciente o inconscientemente, tienen un efecto búmeran para quien o quienes las toman, de tal modo que las consecuencias que se espera producir terminen por revertirse en su contra.
En términos geopolíticos, podría decirse que tal sería el caso de la decisión de la Federación de Rusia al invadir militarmente Ucrania, la cual si bien ha golpeado en primera instancia a este país y a su población, provocando en menos de una semana casi un millón de refugiados que se han movilizado hacia otras naciones de Europa, también ha provocado un efecto búmeran de enorme magnitud para Rusia, en términos económicos, financieros, diplomáticos y hasta deportivos, a través de las sanciones impuestas por el mundo occidental.


Con la invasión a Ucrania, el país presidido por Vladimir Putin se ha quedado cada vez más solo frente al mundo, que en distintos foros y mediante acciones concretas ha mostrado su solidaridad con la nación gobernada por Volodímir Zelenski y su condena a la decisión de Rusia.
Hoy el pueblo ruso padece las consecuencias de haber ordenado el ataque militar a la antigua nación que también era parte de la Unión Soviética. Las sanciones económicas y financieras han golpeado a los ciudadanos rusos y de prolongarse, podrían provocar una severa pérdida de respaldo político y de legitimidad hacia Putin y su gobierno.
En ese sentido, la radicalización del presidente ruso, de no continuar las negociaciones con Ucrania por la vía diplomática, ha provocado a su vez la fuerte reacción del mundo occidental que ha tendido un cerco para aislar económica, política, diplomática e incluso culturalmente a Rusia.
Putin podrá alegar que defiende la seguridad nacional e interior de Rusia al tratar de impedir que Ucrania ingrese a la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN, pues esa es en esencia su principal demanda: evitar que el organismo militar occidental multilateral ingrese a territorio ucraniano y se ubique frente a las fronteras rusas, lo que desde la perspectiva del hoy agresor, pondría en vulnerabilidad a su país.
El problema es que, lo que no pudo conseguir por la vía diplomática o de los acuerdos comerciales o económicos, contra una nación que hoy es independiente, el gobierno ruso pretende conseguirlo por la fuerza militar, una decisión radical que se le ha revertido como un enorme búmeran que le ha granjeado la condena mundial.
Prueba de ello, es que apenas este miércoles, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó una resolución por 141 votos a favor, 5 en contra y 35 abstenciones, para exigir a Rusia el cese de su invasión a Ucrania.
Lo que ocurre en aquella región del mundo debería ser un ejemplo para otros países, como México, sobre los costos negativos que a la postre resultan de asumir posiciones radicales y desde ahí tomar decisiones cuyas consecuencias al final se revierten y terminan saboteando sus propios fines y objetivos originales.

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