A 100 años de Fátima

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El pasado 25 de marzo el papa Francisco consagró al pueblo de Ucrania y al pueblo de Rusia de manera particular y oró (relación íntima y profunda entre la realidad personal y lo trascendental) por la paz del mundo.
Al inicio de la solemne celebración penitenciaria en la basílica de San Pedro, el papa denunció que las “bombas caen sobre ucranianos indefensos” por lo que si queremos que el mundo cambie, “primero debe cambiar nuestro corazón” en alusión a la irracionalidad de la agresión bélica a Ucrania y la postura intransigente de algunos líderes políticos.
Debido a la guerra cruel e insensata que amenaza al mundo, el papa recuerda el acontecimiento de “Fátima” para que no olvidemos los mensajes entregados a los tres niños portugueses hace más de 100 años y cuyo suceso está documentado y recreado por la película que lleva su nombre y que fue recientemente estrenada en los cines.
La segunda parte de las revelaciones “secretas” del mensaje señala los enormes sufrimientos que causarían los “errores” de Rusia a la fe cristiana, los efectos de su totalitarismo comunista y los grandes daños que provocarían a la humanidad.
En la oración propia de la consagración, su santidad menciona que los planes que Dios tiene para la humanidad son de paz y no de desgracia y enfatiza sobre la importancia de dejarnos guiar por los caminos de la fraternidad y del diálogo: “Hemos olvidado las tragedias del siglo pasado… nos hemos encerrado en intereses nacionalistas” y clama a la madre de Jesús para que venga a “socorrernos y consolarnos” como lo hizo con Juan Diego cuando le expresó: “Acaso no estoy aquí que soy tu madre”.
Conocedor de la fe y devoción de los pueblos ortodoxos eslavos, el pontífice cierra su plagaría rezando: “¡Preserva al mundo de la amenaza nuclear!” y como Jesús, cuando invita a María desde la cruz a cuidar a Juan como a un hijo, pide a la virgen que cuide a sus hijos ya que hoy “el pueblo ruso y el pueblo ucraniano acuden a ti (madre)” para que cese la guerra.
Indudablemente el Papa ha mandado un mensaje muy importante para contribuir a la solución pacífica de la invasión a Ucrania dando argumentos para evitar el dolor evitable, o sea, para evitar el dolor que unos hombres causan a otros hombres. Para los que tenemos fe, el obispo de Roma, ha elevado una plagaría al cielo por la paz del mundo. Como sugiere Blaise Pascal, yo pienso que mucho se gana orando y se podría perderlo todo no haciéndolo.
Twittwer @basiliodelavega

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