Todos los santos

Este domingo 1 de noviembre celebramos la solemnidad de TODOS LOS SANTOS. Se trata de una gran celebración porque veneramos los méritos de todos los santos en una sola fiesta. Los santos son todos aquellos que ya gozan de la visión beatífica y viven en plena comunión con Dios en el cielo. En esta celebración invocamos no solo a los santos canonizados mencionados en el calendario litúrgico sino también a todos los santos que no conocemos o que no se mencionan.
Sin duda son innumerables todos los cristianos y cristianas que han sido fieles y perseveraron en la gracia bautismal y que siguieron a Cristo con amor, tal vez de un modo silencioso y discreto y que se encuentran con él en la gloria y en la alegría del cielo.
Los santos vivieron en grado heroico las virtudes cristianas; la Iglesia nos los propone como modelos seguros para llegar a Dios y por otra parte como nuestros firmes intercesores ya que siendo amigos de Dios, gozando de su cercanía y participando de la comunión con él, nos pueden alcanzar gracias abundantes.
Ciertamente la idea de santidad solo se comprende desde Dios. Dios es el único santo; esa es una de sus propiedades; y porque es santo a él se le debe todo el honor y la gloria; a él la alabanza y la adoración. La Biblia nos dice: “sean santos como Yahvé su Dios es Santo”. Y los querubines repiten santo, santo, santo. Por medio de Jesucristo Dios nos ha participado su santidad; él es el que nos santifica. En este sentido la santidad de las criaturas es una participación en la santidad de Dios. El culto que damos a los santos es el de la veneración. La adoración la reservamos sólo para Dios.
En este contexto, hoy leemos San Mt 5, 1-12; que nos habla de LAS BIENAVENTURANZAS. Las bienaventuranzas son el evangelio del evangelio. Por medio de ellas Jesús nos da la carta magna de la santidad. Las bienaventuranzas son una guía en nuestra vida y deben infundir en nosotros confianza y alegría.
Dios no se resigna con nuestra condición humana muchas veces penosa y humillada. Él nos quiere dichosos y felices, por eso él nos llama a la Santidad. Por medio de las bienaventuranzas Dios nos impulsa hacia la felicidad perfecta que sólo se encuentra en la relación y comunión con él.
La bienaventuranzas nos muestran el camino que ha recorrido Jesús y todos los santos para llegar al cielo. Ellas nos muestran el ideal de la vida cristiana. A saber, pobreza de espíritu, sufrimiento, hambre y sed de justicia, pureza de corazón, misericordia, espíritu de paz, fortaleza en las persecuciones a causa de Cristo y del reino de Dios. Se trata de un camino arduo y difícil porque contrasta con nuestra naturaleza humana y con la mentalidad del mundo. Estos que Jesús llama bienaventurados, el mundo los desprecia y los ve como descartados.
Los santos que hoy invocamos, nos muestran que la santidad es un camino que se puede recorrer con la ayuda de la gracia de Dios; con las bienaventuranzas uno puede construir el camino justo para llegar al cielo, pero también para construir una ciudad terrena digna de la persona.

*Vocero de la Arquidiócesis de Xalapa

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