TEPETOTOTL

El guerrero humeante

Y nos juramos… amor eterno. Unos días antes de partir cruzamos palabras con mi amada Iztaccihuatl. No hubo necesidad de grabar aquellos pensamientos que brotaron a borbotones de cada uno de nuestros corazones. Nuestros ancestros, nuestros queridos abuelos, aquellos que ya habían muerto, sabían que tendríamos que estar unidos. Mis padres me enviaron desde muy joven al Calmécac, me formaron para la guerra, para defender nuestros territorios, para defender con la vida a nuestro pueblo mexica. Guerra tras guerra, lucha tras lucha y fuimos perdiendo a nuestros hombres, a nuestros hermanos, pero en ningún momento nos dimos por vencidos.

Tuvieron que pasar varias tragedias donde hubo desgarramiento de sangre, pero mi amor por ella estaba a cada instante y eso me mantenía vivo, aún entre las flechas, entre las macanas y entre los ataques de los adversarios. Aquí estoy, aquí sigo enviándole mensajes a nuestros descendientes. Soy el guerrero humeante, soy el protector de estas tierras del Anáhuac. Aquí estoy con ella porque los dioses así lo quisieron, así estaba escrito, así tenía que correr el mito de voz en voz, de generación.

Hoy, el Citlaltépetl sigue siendo el guerrero que huyó como humano pero que fue atrapado por los dioses para ser una estrella en aquel cerro que se logra ver a la distancia. Somos montañas, es cierto. Pero algún día fuimos sangre de tu sangre y descendencia de lo que hoy ustedes llaman: pueblos originarios.

Estoy aquí, con ella y contigo. Estoy en donde tenía que estar. Su belleza aún con el tiempo, jamás la ha perdido y mi amor por ella, jamás se desvanecerá, porque soy Popocatépetl, el guerrero humeante.

(1) Escritor veracruzano de un rincón del Totonacapan. Correo: venandiz@hotmail.com Twitter: @tepetototl

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