DEBO, NO NIEGO; PAGO, LO JUSTO

Los vicios del consentimiento

¿Se han dado cuenta que últimamente casi cualquiera puede obtener nuestras huellas dactilares? A veces con explicación del fin para el que serán usadas, pero en la mayoría significando únicamente que es parte de algún requisito o mero trámite restando importancia al hecho como si se tratara de cualquier cosa.
Sin embargo, las consecuencias futuras de la imposición de tus huellas en los aparatos lectores mediante los cuales se recaban tales muestras, solo Dios las sabe, así que cuidado.
¿Se han puesto a pensar que ahora, hasta para comprar un teléfono o abrir un contrato comercial o bancario te solicitan la captura de tus huellas y que si no las otorgas simplemente no hay contrato?
Pero, cuál es el respaldo o la seguridad con la que contamos como clientes, consumidores o usuarios de que esos datos biométricos personales consistentes en huellas dactilares están seguros en los archivos de quienes las recaban y que no serán utilizados para fines indebidos o que nos puedan perjudicar.
Por ejemplo, que la misma sea parte de una autorización o consentimiento a cualquier medida, acuerdo, norma o condición que favorezca de manera unilateral al otorgante del servicio, y que después use en nuestra contra y a su entera conveniencia.
Atrás están quedando los tiempos en los que necesariamente debía ir nuestra firma acompañando los acuerdos o clausulados suscritos como una forma de externar nuestro consentimiento y autorización para obligarnos frente a otro contratante. Hay en cambio, novedosas formas de externar sin lugar a dudas nuestra voluntad y hacerla constar como las firmas digitales. Y todo aquello que la ciencia ha permitido en aras de hacer los trámites más ágiles, y -con la pandemia- a distancia, desafortunadamente las leyes, el derecho y las normas van siempre no uno, sino muchos pasos atrás de ese fenómeno tecnológico y existe poca regulación al respecto, lo que sin duda dará lugar a ilícitos que queden en la impunidad por no haberse previsto.
Me sorprende con qué facilidad, acostumbrados o hechos a la idea de privilegiar la rapidez de los trámites, no nos detengamos a pensar o a exigir a quien le obsequiamos nuestros datos biométricos personales, la seguridad del resguardo de los mismos, la costumbre lo ha convertido en algo normal.


De la misma manera que me lleva a pensar que quien posea los datos podrá ocuparlos en una forma no siempre legal o con probidad y que podrá asentarla o estamparla en donde mejor le convenga. Mas vale comenzar a poner atención a esta práctica y evitar otorgar nuestras huellas por doquier, y estar seguros de que en verdad permitir la captura y el archivo de las mismas es estrictamente necesario para completar algún procedimiento de otro modo, mejor evitarlo.
Nuestra firma o consentimiento sólo vale cuando conocemos de manera completa los términos o las condiciones que se deben aceptar, de lo contrario no puede decirse que haya quedado perfeccionado un contrato por el consentimiento.
En otro tema, a partir del 24 de junio de este año, según anuncio del Banco de México habrá aumento de la tasa de interés, seamos cautos a la hora de contratar o hacernos de deuda, pues este aumento sin duda impactará de frente a quienes no puedan sostener el cumplimiento oportuno del pago de las deudas contraídas. Y tenemos noticia de la cantidad de familias que están resistiendo a la moratoria mediante la contratación de más deuda, de nuevos créditos; lo que sin duda agravará no solo su situación, sino la de todos.
Ha concluido el primer semestre del año, desafortunadamente con más aumentos en los precios, menos liquidez y mas personas en moratoria. Sigamos trabajando con esperanza, con fe, pero con la certeza de que nadie, está obligado a lo imposible.
¡Hasta la próxima!
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