Meditando | Dia del ferrocarrilero, nostalgia y olvido

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El 7 de noviembre fue el Día del ferrocarrilero, la fecha pasó desapercibida, pero para los viejos ferrocarriles que aún viven es una fecha solemne. El ferrocarril en Xalapa ha sido una leyenda, gran número de sus habitantes fueron empleados de los Ferrocarriles nacionales de México y hace muchas décadas fue orgullosa tradición.
Con profundo cariño recuerdan la vieja estación del tren, ubicada donde empieza la carretera antigua a Coatepec, enorme factoría ferrocarrilera con todo el sabor y aroma de provincia de mediados del siglo pasado.
Un portal y bancas de madera en la pequeña sala de espera para quince o veinte personas, taquilla con ventanilla enrejada y barandal de acero tubular para normar “la cola” de usuarios, tendidos por a quien creíamos eterno, el señor Coronel, boletero que casi llegó a ser parte del mobiliario de aquella sala de espera.
Por dentro el andén, un pasillo con piso de cemento y con angosto techo de lámina y madera, de donde colgaba un letrero que decía, “Jalapa, 60,000 habitantes, altitud 1427 m.” y enseguida los rieles férreos. Cruzando múltiples vías se encontraba la oficinita “del fichero” donde controlaban la asistencia de los trabajadores, mediante fichas o tarjetas, a la derecha el almacén, a la izquierda los talleres de carpintería y las de los “tomadores de tiempo”, empleados que diseñaban la nómina.
Al fondo del “patio de vías”, se veía la “Casa redonda”, impresionante para los niños en sus visitas de la escuela, gran taller con plataforma giratoria donde se reparaban las colosales máquinas de vapor. Las instalaciones extensas, ocupaban los terrenos en donde hoy se encuentran la clínica 66 del IMSS y el Deportivo Ferrocarrilero.
En la calle de enfrente había una gasolinera y la terminal de camiones urbanos, cuando sólo cubrían dos líneas: Piedad y Calvario, el pasaje costaba veinte centavos en segunda clase y veinticinco en primera, todos enormes y ruidosos.
Es inolvidable la imagen de aquellos ferrocarrileros, con gorra de fondo alto, overol de mezclilla y toscas botas de suela de hule. Llegaban en grupos a las siete de la mañana, armando algarabía de risas y carcajadas, cargando su “lonchera” en diestra y el periódico del día en la bolsa trasera. Formaban un conglomerado de amigos, una especie de cofradía, que, una vez dentro de la gran estación trabajaban en medio de una camaradería fraterna.
Eran amigos, cuyos nombres habían quedado en el olvido se conocían con sobrenombres; “la changa”, “el pollo, “el guardián”, “el centavo”, “el baloche”, “el picho”, mi padre era “el lanza llamas” y muchos más amigos de la pandilla que me consideraban miembro, cuando era un niño y me se sentía ferrocarrilero.


El 11 de noviembre de 1952, hace sesenta y ocho años, se inauguró la “estación nueva” con flamantes talleres. Clausurándose la antigua terminal, saliendo de ella el último convoy con rumbo hacia la nueva estación que llena de gente esperaban el arribo de la primera máquina
que cursaria sus rieles, era una real fiesta popular.
Mientras, en las vetustas oficinas, talleres y sala de espera de la “vieja estación” se quedaban recuerdos, nostalgias y muchos veteranos ferrocarrileros cabizbajos viendo morir una importante parte de su vida en la abandonada terminal de sus amores. Mi padre, rielero de corazón, con lágrimas en las mejillas se despidió de su “su vieja estación”
Recuerdo estos hechos con sabor a riel y a infancia. En Xalapa aún viven muchos ferrocarrileros, compañeros solidarios de trabajo y partícipes de una amistad que trascendió muchos años.
Hoy envío un cariñoso abrazo a todos los ferrocarrileros activos y un reconocimiento respetuoso a los de antaño, jubilados unos y fallecidos otros, pero siguen siendo “Rieleros de corazón”. ¡Salud papá y viejos amigos!, donde quiera que se encuentren, de parte del niño que era cuando los conocí.
Hoy noviembre 07, 2020, la “Nueva estación” del ferrocarril es un extenso terreno surcado por rieles sin tránsito y edificios vacios en avanzado deterioro, impresión fantasmagórica, de triste soledad para aquellos rieleros del Xalapa que se fue y con ella se llevó su juventud. Ahora ese viejo edificio es un óleo nostalgico de un bien perdido.

Doy merecido crédito a los autores de las fotografías, obtenida de internet.

hsilva_mendoza@hotmail.com

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