Marapez | Adiós Diego, el más grande

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Murió Diego Maradona, el más grande, la “Mano de Dios”, el poema de gol, el rebelde, el revolucionario, el hombre.

Su vida fue como una canción, una historia jamás contada, como una película, pero que lamentablemente este final no fue feliz al emprender hoy el viaje sin retorno a sus 60 años de edad.

En nuestras mentes quedaron grabadas aquellas imágenes en el Mundial México 86 cuando deleitó a todos con una magia nunca antes vista, con una zurda de oro que dominó a todos y que fue venerada hasta el último de sus días.

Y qué decir de su temple de acero, de su carácter, a él sí que no le temblaban las piernas cuando enfrentaba a las grandes potencias.

Siempre se le vio con la cara arriba y su pecho hinchado de orgullo por representar a su país, incluso ese choque ante los ingleses en los cuartos de final era más que un juego, había razones suficientes para tomarlo como una revancha, una venganza, una “vendetta”, ya que en 1982 Inglaterra protagonizó una guerra contra Argentina por la posesión de las Islas Malvinas, que al final quedaron en sus manos.

Nadie olvida, al menos yo no, aquel 22 de junio de 1986 cuando la albiceleste enfrentó en el Estadio Azteca a los ingleses. Sinceramente ese Mundial era del Diego, del Pibe, estaba destinado a alzar la copa “Jules Rimet” por lo que lo demás ya se daría por añadidura.

En ese Mundial el solo se echó el equipo al hombro. Él solo llevó al título a un seleccionado y ese día comenzó a escribir su historia como el futbolista más grande de todos los tiempos.

Corría el minuto 51 cuando vino el gol que fue bautizado como la “Mano de Dios”, cuando Diego recibió un pase de Olarticoechea, eludió a Hoddle y Reid y pasó a Jorge Valdano, quien no pudo controlar el balón, en cambio el defensor Hodge regresó a Peter Shilton, situación que aprovechó Maradona para dar un salto y ante la salida del arquero simplemente la desvió con la mano para anotar el 1-0.

Pero si ese gol fue histórico no se diga el 2-0, bautizado como el más bello en la historia de los mundiales. Al 55´ Diego recibió un pase del “Negro” Henrique y desde la media cancha con esa cadencia y gracia que lo caracterizaba empezó a “sembrar rivales”, dejando en el camino a Beardsley, Hodge, Reid y Fenwick hasta quedar en el mano a mano con Shilton, a quien con una finta se lo quitó y ante la barrida casi criminal de Butcher tocó la pelota para estremecer las redes desatando la locura entre las 114 mil almas que se dieron cita ese día en el Coloso de Santa Úrsula.

Con el correr de los años el “10” modificó extrañamente su vida. Se fue a Italia para convertirse también en Dios viviente al darle al Nápoli alegrías y satisfacciones, esas que nadie en su historia ni aún hoy le ha dado.

Pero como a todo hombre le llegaron experiencias extrañas y tal vez comunes en nuestra actualidad. Conoció gente poderosa y se rodeó de personas que lo llevaron a un mundo de color y sabor, de fiesta en fiesta, de insomnio en insomnio y de robarle muchas noches a su sueño.

Son conocidas sus constantes batallas contra las adicciones, de hecho esa situación lo llevó a ser sancionado severamente por la Federación Internacional de Futbol Asociado, especialmente por su presidente Joao Havelange, a quien siempre criticó de estar enriqueciéndose con el futbol.

Después aconteció lo que ya todos sabemos, sus constantes ingresos a clínicas de rehabilitación para tratar sus adicciones y también de sus innumerables escándalos que para muchos daba al traste con todo lo ganado.

Sin embargo, esos días de perdición que lo derrumbaron en muchas ocasiones terminaron porque en igual número logró levantarse.

Yo francamente no soy quién para juzgar sus actos.

Yo me quedo con aquel chiquillo que soñaba consagrarse en Primera y ganar un Mundial.

Me quedo con el Diego, con la Mano de Dios, con el Poema de Gol, con el más grande genio que ha dado el futbol hasta hoy en nuestros días.

¡Adiós Diego!

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