VII Premio Internacional de Ensayo Pedro Henríquez Ureña a Santiago Kovadloff

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  • Se lo otorgó la Academia Mexicana de la Lengua al ensayista argentino por considerar que su obra ha sabido recorrer un largo y ancho camino en los diversos órdenes de la experiencia del hombre contemporáneo

La obra del escritor y traductor ha sabido recorrer un largo y ancho camino, al que no le son ajenos los diversos órdenes de la experiencia del hombre contemporáneo, desde la literaria misma, pasando por la histórica, la filosófica y la política.
El jurado estuvo constituido por Gonzalo Celorio, Margo Glantz, Felipe Garrido, Rosa Beltrán y Silvia Molina, todos académicos numerarios de la institución.
Su nombre se suma al de Emilio Lledó, Pedro Lastra, Luce López Baralt, Alfredo López Austin, Noé Jitrik y Francisco González Crussí, ganadores en ediciones pasadas.
Avalado por el pleno académico, el jurado del VII Premio Internacional de Ensayo Pedro Henríquez Ureña, constituido por Gonzalo Celorio, Margo Glantz, Felipe Garrido, Rosa Beltrán y Silvia Molina, decidió otorgar el galardón al ensayista argentino, Santiago Kovadloff, propuesto por la Academia Argentina de Letras, por considerar que su obra ha sabido recorrer un largo y ancho camino, al que no le son ajenos los diversos órdenes de la experiencia del hombre contemporáneo, desde la literaria misma, pasando por la histórica, la filosófica y aun la política. Los asuntos de la vida cotidiana, tanto como los agobios producidos por la experiencia del holocausto, han sido tratados por su pluma con altura, audacia y tacto, con refinamiento e impulso plural, según hace constar el itinerario pautado en sus libros publicados, muchos de ellos traducidos al alemán, francés, hebreo, italiano y portugués.
Kovadloff es una figura apreciada en los más cerrados círculos de la inteligencia americana y en los foros más abiertos de la academia y el periodismo. Traductor de Fernando Pessoa, Libro del desasosiego (2000) y Ficciones del interludio (2004), su obra ensayística, a la vez vasta y compacta incorpora la experiencia poética y la voluntad de acercarse a la experiencia infantil, como muestran sus poemarios y libros para niños. Cada uno de sus títulos es a la par un jubiloso ejercicio de escritura y una lección ética y filosófica.
Su nombre se suma al de Emilio Lledó, Pedro Lastra, Luce López Baralt, Alfredo López Austin, Noé Jitrik y Francisco González Crussí, ganadores en ediciones pasadas.
Acerca de Santiago Kovadloff: La Nación
“Me sorprendió el premio porque creo ante todo que hay noticias que aun siendo verdaderas resultan inverosímiles -dijo Kovadloff a LA NACION-. Este es un reconocimiento que valoro inmensamente y que me hace oscilar entre la gratitud, el asombro y cierta perplejidad. Hay que estar muy distraído para presumir que la propia obra merece un reconocimiento así, pero una vez que se produce resulta una alegría infinita, que es lo que siento. Una enorme alegría. Es una alegría que, por su intensidad y su hondura, resulta inusual en un año de tantas dificultades en el marco de un país doblemente atormentado por su errancia política y por el acoso del virus, y en un mundo tan complicado como el que tenemos. Tiene algo de consuelo, de sanador, es un amparo y es una fiesta para mí y para quienes me quieren y comparten conmigo el conocimiento de lo que para mí significa escribir ensayos”.
El Pedro Henríquez Ureña premia su vasta obra ensayística. “Hay algo curioso -revela el autor-. Nada quiere uno más como escritor que la propia palabra tenga sentido y brinde sostén y sea representativa de otros. Y de pronto, el premio viene a brindarle al trabajo al que uno se ha dedicado toda su vida, con la perseverancia de una vocación, por lo tanto con una pasión insoslayable, un alcance en término de difusión quizás mayor”. Respecto de las cuestiones sobre las que escribe, Kovadloff indicó que, por su experiencia como poeta y narrador, siente que los temas no se eligen. “Pueden interesarnos muchos temas, pero aquellos que se nos imponen como algo ineludible, aquellos que quieren ser escritos, son los que demuestran que sobre ellos puede recaer el interés que revisten otros temas, pero hay una íntima urgencia que nos lleva a privilegiarlos, a brindarles una atención en la búsqueda de la expresión que otros temas no alcanzan. En rigor, creo que uno escribe aquello sin lo cual no podría reconocerse como escritor”.
(Ensayista, poeta y traductor de literatura de lengua portuguesa. Se graduó en Filosofía en la Universidad de Buenos Aires. Es doctor honoris causa por la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES), profesor honorario de la Universidad Autónoma de Madrid y miembro del Comité Académico y Científico de la Universidad Ben-Gurion del Neguev, de Israel. Participó como profesor invitado en la Cátedra Latinoamericana “Julio Cortázar” de la ciudad de Guadalajara, México, en el año 2013. Es integrante de dos academias argentinas: la de Letras y la de Ciencias Morales y Políticas. Es, además, miembro correspondiente de la Real Academia Española. Se desempeña profesionalmente como profesor privado de filosofía y conferencista. Es colaborador permanente del diario La Nación de Buenos Aires. En 2010, la Academia Argentina de Periodismo le otorgó su Pluma de Honor, por la tarea que desarrolla en la prensa escrita. Algunos de sus libros publicados son El silencio primordial (1993), Lo irremediable (1996), Sentido y riesgo de la vida cotidiana (1998), La nueva ignorancia (2001), Ensayos de intimidad (2002), Una biografía de la lluvia (2004), Los apremios del día (2007), El enigma del sufrimiento (2008), El miedo a la política (2010), La extinción de la diáspora judía (2013), Las huellas del rencor (2015), Locos de Dios (2018).

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