Durante los 43 días que lleva en la presidencia de Estados Unidos Donald Trump, ha gozado de un poder enorme, durante los cuales ha impuesto sus condiciones y su paradigma de gobierno a todo el mundo, incluidos temas tan sensibles como la imposición de aranceles a las importaciones a ese país de los productos cuyo origen sea México, Canadá y China.
En su mensaje al Congreso el presidente Trump señaló de manera categórica su interés por erradicar el tráfico de fentanilo en su país que durante el último año ha representado la muerte de 500,000 estadounidenses y que ha hecho – en su decir- más en ese período que en los ocho años de gobiernos que le precedieron.
El punto es que con este amago, presión y herramienta de negociación nuestro país está pendiendo de un hilo, y todos los días hay incertidumbre sobre el desenlace y sobre todo de cuáles serán las implicaciones que tendrá para nuestro país y que representó ya la salida del titular de la Secretaría de Hacienda Rogelio Ramírez de la O.
Hay que reconocer que hasta el momento nuestra moneda, el peso ha resistido estoicamente y eso ha detenido las afectaciones a la economía nacional, la solidez del peso ha sido puesta a prueba en todos estos 43 días y se ha mantenido con algunas ligeras variaciones.
En este período también, se pueden leer las reacciones que han tenido los principales directivos de la industria automotriz: General Motors, Ford y Stellantis, cuya oposición significó la defensa coyuntural de la producción de nuestro país, quien está constituido en la séptima potencia mundial de la industria e impidieron que por 30 días más queden sin aplicarse los aranceles de los productos contenidos en el Acuerdo Nacional para el Libre Comercio vigente con Estados Unidos y Canadá.
También se registró el caso de la declaración de la CEO de General Motors Mary Barra, quien afirmó que movería alguna de sus producciones de México hacia Estados Unidos y también Honda anunció que la producción de su modelo híbrido dejaría de ensamblarlo en México y lo haría exclusivamente en Indiana, Estados Unidos.

En su discurso del pasado martes 4 dirigido al Congreso de Estados Unidos y a los estadounidenses evidenció lo extraordinariamente complejo que será tanto para México como para el resto del mundo lidiar con él. El ejemplo más claro lo constituyó el maltrato público a Vladimir Zelensky presidente de Ucrania que fue públicamente maltratado y que a final de cuentas Trump consiguió el acuerdo que le interesaba de metales y minerales raros.
De manera paralela, según analistas Trump ha identificado un problema significativo para la seguridad nacional de su país que tiene que ver con el flujo de migrantes de extrema izquierda y fundamentalista que en su análisis, es un verdadero peligro y también con el apoyo de México que dispuso 10,000 integrantes de la guardia nacional para bloquear el flujo de migrantes a los Estados Unidos.
El actual estilo narcisista de la personalidad de Trump consiste en ejercer la política del miedo, para hacer saltar por los aires estructuras, instituciones, gobiernos, acuerdos, derechos, políticas e incluso acelerar los tiempos de los acuerdos comerciales vigentes. Ha sido notorio que insulta y pone sobrenombres a personajes de la vida pública, ese estilo contrasta con el de su primer período registrado en 2017-2020 en donde estaba más limitado -leáse acotado- por los integrantes de su entonces gabinete que le acompañaban, hoy se ha dicho que se encuentra como chivo en cristalería.
Sin embargo, la certificación, así como se está planteandopor Trump, hacerla cada treinta días significa incertidumbre para la economía mexicana y volatilidad, en un escenario verdaderamente complejo para nuestro país y podría eventualmente conjuntarse con otro tema y ahí sí detonar problemas mayúsculos para nuestro país. Todo indica que el objetivo central de todo esto consiste -el fondo de las amenazas- en la renegociación completa del Acuerdo comercial, que de manera paralela permita bajar el déficit comercial y obtener ingresos fiscales. Así que no estaría perfilando solo una revisión -como lo marca el propio acuerdo. De las intenciones – se trata de combatir lo que China ha realizado en los hechos- que ha sacado sumo provecho , aunque no sea firmante.