Lealtad y gratitud, valores universales

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En su Ética Nicomaquea, Aristóteles (384-322 aC) afirma que la virtud es aquel hábito por el cual el hombre se hace bueno y gracias al cual realizará bien la obra que le es propia.
Al tratarse de un hábito, se refiere a una acción que a fuerza de repetirse se ha vuelto costumbre y que tiene como finalidad hacer el bien para sí mismo y para los demás.
Para el filósofo, la virtud es un ejercicio de la razón y una de sus acepciones es un justo medio entre dos extremos – exceso y defecto – por lo que también puede definirse como moderación, donde el vicio sería su opuesto.
Entre las virtudes, la gratitud y la lealtad han sido de muy alta estima tanto en la vida personal como en la vida pública. Y sus opuestos, la ingratitud y la traición o deslealtad han sido sumamente repudiados a lo largo de la historia.


Se entiende que quien tiene por norma comportarse con virtud necesariamente se trata de una persona buena y su fin, como decía Aristóteles, es realizar bien la obra que le es propia, tanto en su vida personal como social. Caso contrario de quien conduce su vida al margen de la virtud y se deja llevar por los excesos o sentimientos negativos para hacer el mal a los demás y a sí mismo.
Dicho lo anterior, puede afirmarse que un amigo o un político que desaparecen cuando ya no necesitan de ayuda tienen en común la ingratitud, que es una forma de olvido y de desprecio.
Olvido por aquello o aquellos que nos ayudaron o beneficiaron y que estuvieron con nosotros, lo que refleja una forma desmedida y desconsiderada de egoísmo.
En términos aristotélicos, mientras la gratitud es un sentimiento de las buenas personas, la ingratitud es un mal hábito, una falta de generosidad y de virtud que denota desprecio por los otros.
Según el diccionario, el vocablo lealtad proviene del latín “legalis” que significa “respeto a la ley” y expresa un sentimiento de respeto y fidelidad hacia una persona, compromiso, comunidad, organizaciones, principios morales, entre otros.
El término leal, a su vez, es un adjetivo que califica a un individuo fiel a sus ideas, creencias y valores lo que se ve reflejado en sus acciones y comportamiento.


Lealtad es sinónimo de nobleza, rectitud, honradez, honestidad, entre otros valores morales y éticos. La lealtad permite desarrollar relaciones sociales y de amistad en donde se crea un sólido vínculo de confianza y de respeto mutuo.
La lealtad como valor es una virtud que se desenvuelve en nuestra conciencia, con el compromiso de defender y de ser fieles a lo que creemos y en quien creemos. Lo opuesto es la traición, asociada con el engaño, la mentira y la falta de honorabilidad.
La traición, decía Maquiavelo, no se justifica. Y aunque puede llegar a perdonarse, no se olvida, porque destruye amistades, familias, negocios, comunidades.
Por eso la lealtad y la gratitud son dos virtudes y valores universales que hacen vivir tranquilamente al ser humano.