EL CRUCERO, Mpio. De Puente Nacional, Ver.- A tres meses de que sembraron varias hectáreas de temporal, aprovechando las primeras lluvias de la temporada después del 15 de junio, «Día del Padre», productores agrícolas puenteños y que radican en este poblado han iniciado la cosecha de pipián, esperando les paguen muy bien la tonelada de esta exquisitez de la gastronomía mexicana.
Pese al nulo apoyo del gobierno en sus 3 niveles, y a la carestía de insumos como agroquímicos para combatir plagas, con mucha fe campesinos de El Crucero se aventuraron a sembrar alrededor de 60 hectáreas que han empezado a cosechar, a partir, a despulpar y extraer la semilla y a secarla y orearla en el sol como ya es tradición anual.

Tomando en cuenta que igual hombres dedicados al agro, de pueblos vecinos como La Ternera, El Coyolar, San José Chipila, Hato de La Higuera, Mata de Zarza y muchos pueblos levantan cosecha también, y otros ya lo hicieron porque sembraron por el mes de mayo.
Y es que, pese a diversas situaciones que pueden presentarse en el proceso de siembra de cualquier índole, la cosecha del pipián es una tradición que se mantiene viva en el campo mexicano, de las más esperadas del ciclo agrícola verano-otoño. Un fruto que nace de la calabaza criolla, es recolectado por familias enteras que mantienen viva una tradición ancestral ligada a la cocina y a la economía local.

A decir del señor Mauro Contreras López ya hay muchos hombres y mujeres en este municipio que difícilmente se van de ilegales a sufrir a Estados Unidos de Norteamérica, toda vez que en estos pueblos hay mucho trabajo no solo en el campo donde incursionan en muchos cultivos como alternativas agropecuarias, sino que igual están las granjas de pollos y pedreras o marmoleras, todo es cuestión de querer trabajar, no importando días festivos o sábados y domingos.
El pipián no solo es apreciado por su sabor, sino también por su versatilidad. De sus semillas se obtiene la base para la preparación de moles y salsas que han acompañado la mesa mexicana desde tiempos prehispánicos. En los campos, los productores seleccionan cuidadosamente las calabazas maduras, las abren y extraen las semillas que después serán lavadas, secadas al sol y tostadas para darles el característico aroma que distingue a este insumo.

Por otra parte, don Ismael Murga Castillo expresó que esta actividad es muy bonita porque una vez que se cosecha se genera empleo temporal para las mujeres, solteras o amas de casa, mismas que se suman a la tarea de extraer las semillas y se tienen que poner guantes de tela para no maltratarse o escorearse sus dedos y manos.
Al preguntarles en cuánto les pagan por cubeta llena de semilla ya sacada de la pulpa de la calabaza, dijo que a 30 pesos, y que hay compañeras que se hacen hasta 20 o 23 cubetas al día, iniciando desde las ocho de la mañana hasta las cinco o seis de la tarde. Los campesinos explican que la temporada de pipián es breve, pero de gran importancia.

Se dijo que hay compradores que entran al pueblo con trailers y camiones tipo tortons que se los llevan repletos de semillas hacia centrales de abasto de Puebla, Monterrey, Estado de México, Ciudad de México, Monterrey, Reynosa, Guadalajara y a otros estados del norte del país. Tienen fe los agricultores de que su esfuerzo con azadón y machete en mano, amén de la paciencia que exige la naturaleza, bien valga la pena, y que este año les paguen bien.
Cabe añadir que la cosecha del producto igual se destina al autoconsumo familiar, máxime que ya se acerca la temporada de Todos Santos y la semilla de pipián es utilizada en diversos guisos y dulces elaborados con amor a la tradicional cocina mexicana donde las recetas de las abuelas van de generación en generación.