Trabajo de rotulista escasea y se desvanece entre lonas digitalizadas

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CD. CARDEL, Ver.- Para don Mario, con casi 50 años de rotulista, oficio que para él significa todo un arte que no se imprime, sino que se pinta con pasión, y con el que logró darles estudios a sus hijos y sostener a su familia, lamenta que la tecnología de punta esté propiciando la escasez y hasta posible desaparición del servicio.
Quienes nos dedicamos aún a trazar y pintar no solo letras -manifestó-, sino logos y dibujos como caricaturas en los que entregamos alma y creatividad, tras la llegada de la tecnología que podrá garantizar inmediatez y hasta circunstancial ahorro económico, pero como lo barato sale caro, esa lona en la que publiciten un comercio, por ejemplo, tendrá poca durabilidad y en poco tiempo, por permanecer en la intemperie (sol, lluvia), terminará rasgándose o deteriorándose por completo.


Reconoció, ciertamente, que con los tiempos modernos de la digitalización, y entregas exprés de pedidos de comerciantes seducidos por impresiones, triste es percatarse cómo la tradicional chamba de rotulista ha bajado, les ha pegado a ellos que con pincel, pintura de calidad y pulso firme dan identidad a tiendas, bardas, camiones o cualquier tipo de negocio u oficinas.
Así pues, rotulistas de brocha y temple sostienen con plena seguridad que la calidad en lo que ellos plasman será más duradera porque tardará en decolorarse a causa del sol; las lluvias no borrarán tan fácilmente los colores que ellos empleen en letras, logos o dibujos; y desde luego que sus obras no las romperán los ventarrones tan comunes por este litoral veracruzano. Es decir, un buen rótulo pintado a mano podrá resistir años enteros sin perder su esencia.


Al preguntarle qué tanto por ciento les ha disminuido la chamba, indica que mucho, toda vez que antes registraba hasta 4 rótulos por semana, y hoy en día acaso 2 al mes, si bien le va. Y todo por el mercado que se digitalizó, vislumbrando que va a llegar el tiempo en que los trabajos que ellos aún realizan como rotulistas, pasarán a convertirse en “piezas de museo urbano”, máxime que las nuevas generaciones ya no se interesan por brochas, pinceles y embadurnarse de pintura manos y rostro.