CD. CARDEL, Ver.- Duerme en plena calle donde su techo es el cielo abierto, entre olores fétidos por los montones de basura de los que se rodea; entre cartones húmedos y restos de comida esta señora que, al parecer ya no le permiten dormir en área de cajeros automáticos de conocido y céntrico banco.
El ruido constante de los vehículos automotores, el bullicio del transitar de la gente y el sereno de la madrugada pareciera que le dan paz y tranquilidad ante la indiferencia social, y el abandono de sus familiares.
Ella, de la que se desconoce su nombre, lleva años deambulando por todo Cardel, al parecer es de la colonia Vicente López; se sabe que por los tres campos de aquella demarcación municipal se refugia cuando llueve o nortea en una vieja y olvidada construcción.

Pocos o casi nadie da razón de quién es ella en realidad. Mezclada entre suciedad y riesgos sanitarios, ninguno se detiene a reflexionar sobre el trasfondo de su problema de esquizofrenia, y si habría la posibilidad de ayudarla a salir de ese trance.
La doñita pareciera como invisible por una sociedad cada vez más indiferente, misma mujer que sospechamos busca calor entre el basurero que va recogiendo en el transcurso del día, llegando a hacer montones de bolsas nylon con plásticos o cualquier desperdicio dentro y que usa como almohada.
Así, propios y extraños vemos cómo diariamente este ser, como una sombra humana ocupa la banqueta como cama; cuando hace mucho calor se interna a área climatizada de los cajeros, últimamente ya no la hemos visto ahí dentro, a no ser porque le da mucho frío o porque ya le prohibieron meterse a ese espacio.
Y así como ella, varias son las personas de ambos sexos y enfermas de sus facultades mentales que han hecho de la vía pública, su hogar. Dios todopoderoso tenga misericordia de tales seres humanos a los que la sociedad en general, ignora, o ignoramos mejor bien escrito. ¡Dios nos perdone!