Impactos oceánicos casi duplican el costo económico del cambio climático

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Los impactos oceánicos casi duplican el costo económico del cambio climático. El costo social azul del carbono ofrece una medida más completa del daño monetario causado por sus efectos globales, afirmó Bernardo Bastien Olvera, investigador del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático (ICAyCC).
El doctor en Geografía por la Universidad de California, Davis, con formación en Ciencias de la Tierra por la UNAM, lideró un estudio realizado por un equipo internacional de investigadores del Instituto Scripps de Oceanografía de la Universidad de California en San Diego, al cual se integraron los deterioros del cambio climático al océano dentro del costo social del carbono, una medida del daño económico causado por las emisiones de gases de efecto invernadero.
Con el título “Accounting for Ocean Impacts Nearly Doubles the Social Cost of Carbon” (“Incorporar los impactos en los océanos casi duplica el costo social del carbono”), el estudio se publicó el 15 de enero de 2026 en la revista Nature Climate Change: https://www.nature.com/articles/s41558-025-02533-5
“El costo social del carbono es, en términos sencillos, lo que las personas pagamos sin darnos cuenta cada vez que alguien –una empresa, una industria o cualquier actor en el mundo– emite una tonelada de dióxido de carbono a la atmósfera. A diferencia del precio que se paga directamente por un litro de gasolina o un barril de petróleo, este costo no aparece en la factura, pero se manifiesta de otras formas”, señaló.
De acuerdo con el científico, se trata de un “costo oculto” que se paga con impactos en la salud, en la degradación de la naturaleza y en la pérdida de acceso a ecosistemas y a los beneficios que éstos brindan.
“La pregunta central es cuánto sería el costo real de las emisiones de gases de efecto invernadero si quienes las generan tuvieran que pagar por todos los daños que ocasionan”, explicó Bernardo Bastien.


Este cálculo es fundamental, añadió, para diseñar instrumentos como los impuestos al carbono. “No se trata de un número arbitrario o sacado de la manga de algún político; es un valor que se estima a partir de modelos científicos desarrollados por quienes estudiamos el costo social del carbono”.
La principal aportación del estudio, destacó el investigador, “es que por primera vez se incluyen los impactos del cambio climático en los océanos dentro de este indicador. Puede parecer sorprendente, pero después de décadas de investigación sobre el costo social del carbono los océanos no habían sido considerados explícitamente”.
El universitario advirtió que lo anterior resulta en especial relevante si se toma en cuenta la enorme cantidad de beneficios que los océanos aportan a la sociedad, como las pesquerías, el turismo, la protección de las zonas costeras y el transporte de bienes a escala global.
El especialista dijo que, al integrar estos elementos, el estudio muestra que considerar los daños oceánicos casi duplica el costo social del carbono, ofreciendo una visión más completa del verdadero precio de las emisiones.
El investigador sostuvo que, para desarrollar esta contabilidad, el estudio consideró valores de uso de mercado relativamente directos, como la disminución de ingresos pesqueros o la reducción del comercio. También incorporó valores no mercantilizados, entre ellos los impactos en la salud derivados de una menor disponibilidad de nutrientes por la afectación de las pesquerías, además de las oportunidades recreativas vinculadas al océano.
La investigación incorporó estas estimaciones en un modelo económico calibrado a distintas trayectorias de emisiones de gases de efecto invernadero. Bajo un escenario de alto calentamiento, en el cual la temperatura media del planeta sobrepase los 4 grados de calentamiento, el costo social azul del carbono podría llegar hasta 77 dólares por tonelada de dióxido de carbono. En un escenario más optimista, en el que la temperatura media global no rebasa los 2.6 grados de calentamiento, el costo social azul del carbono se limita a 37 dólares por tonelada.
Para un escenario de calentamiento medio, el investigador mencionó que “sin incluir los impactos oceánicos, el costo social del carbono es de 51 dólares por tonelada de dióxido de carbono emitida a la atmósfera. Al ejecutar el modelo incluyendo los impactos oceánicos, se calcula un costo adicional de 46.2 dólares por tonelada, alcanzando un total de 97.2 dólares por tonelada de dióxido de carbono, un aumento del 91 %”.


Con el fin de dimensionar las cifras descritas, Bastien describió que en 2024 las emisiones globales de dióxido de carbono se estimaron en 41.6 mil millones de toneladas, según el Global Carbon Budget, lo que implica cerca de 2 billones de dólares en daños oceánicos asociados a un solo año de emisiones globales, los cuales actualmente no se incluyen en las estimaciones estándar de costos climáticos.
“Los daños en valores de no uso, es decir, el valor intrínseco que obtenemos del disfrute de los ecosistemas oceánicos, ascienden a 224 mil millones de dólares; mientras que los valores de uso no mercantilizado, como la disminución de la nutrición derivada de pesquerías afectadas, suman 182 mil millones de dólares en pérdidas anuales”.
En este sentido, Bastien Olvera subrayó que un dólar de daño de mercado no es equivalente a un dólar de pérdida cultural, pues estos beneficios no son perfectamente sustituibles, lo que significa que las pérdidas en una categoría no pueden compensarse completamente con ganancias en otra, y por ello cada tipo de daño tiene un significado distinto para la sociedad.
“Las maneras en que las personas aman y valoran la naturaleza deben tener una voz en la política climática. Si no nombramos lo que valoramos, no lo podemos cuantificar, y si no lo cuantificamos, es lo primero que se sacrifica en la toma de decisiones”.
Exaltó la relevancia de hacer ciencia de frontera desde el sur global. “Desde instituciones con recursos limitados podemos liderar ciencia de frontera si hacemos las preguntas correctas. Muchas veces las más sencillas son las que nos permiten mirar más lejos”.
La conclusión del estudio es contundente: “Si queremos que los océanos sean tomados en cuenta en la política climática, debemos duplicar el costo social del carbono que usamos hoy para tomar decisiones”.
Y aclaró que lo logrado hasta ahora es sólo un punto de partida. “Estamos evaluando sólo cuatro tipos de capital azul: corales, manglares, pesquerías y puertos costeros. Hay muchísimo más océano por valorar”.
Para finalizar Bastien Olvera aseveró que el mensaje es tan científico como humano: “El cambio climático no sólo va a dañar nuestras carteras, sino el mundo que conocemos y que nos importa. Y eso debe estar presente en cada decisión que tomemos”.

  • Bernardo Bastien Olvera, del ICAyCC, encabezó un estudio internacional en el Instituto Scripps de Oceanografía de la Universidad de California en San Diego
  • Redactor: Carlos Ochoa Aranda