Déjà vu: así explica la ciencia la sensación de “esto ya lo viví”

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¿Alguna vez has estado en un lugar nuevo y, de pronto, tienes la certeza inquietante de que ya viviste ese momento? La conversación, los gestos, incluso la luz parecen repetirse, como si el tiempo se doblara sobre sí mismo.
Ese fenómeno, conocido como déjà vu, ha fascinado durante siglos a científicos y filósofos por igual, no solo por lo extraño que resulta, sino porque pone en duda algo que damos por hecho: la forma en que percibimos la realidad y construimos nuestros recuerdos.
En entrevista para UNAM Global, Hugo Sánchez, jefe del laboratorio de Neuropsicofarmacología y académico de la Facultad de Psicología de la UNAM, explicó que el déjà vu es una experiencia en la que una persona siente que ya ha vivido una situación, aunque en realidad sea nueva. “En muchos casos, se trata de una reminiscencia: un recuerdo sin una asociación clara dentro de la memoria”.

No se trata de un mecanismo normal

El déjà vu no es un “mecanismo” como tal, sino una experiencia que surge a partir del funcionamiento normal, aunque complejo, de la memoria.
“El cerebro no almacena la información como si fuera un archivo exacto o una grabación fiel de la realidad. Más bien, trabaja a partir de nodos o fragmentos de información que después reconstruye”, detalló. Esta característica hace que los recuerdos no sean estáticos, sino dinámicos y, en muchos casos, modificables.
Es común que las personas recuerden eventos de su vida, como cumpleaños o momentos significativos, de manera distinta a como ocurrieron en realidad.
Esto se debe a que la memoria se enriquece con el paso del tiempo e incorpora información nueva, reinterpretaciones o incluso relatos de otras personas. “El recuerdo se vuelve más complejo, pero no necesariamente más fiel”, señaló.

Memorias falsas

Esta flexibilidad también explica fenómenos como la implantación de memorias falsas, en los que una persona puede llegar a recordar situaciones que nunca vivió. “Somos susceptibles a incorporar información externa en nuestro sistema de memoria, incluso sin darnos cuenta”.
En este contexto, el déjà vu puede entenderse como una especie de “cruce” entre la información almacenada en la memoria y la experiencia presente. Cuando el cerebro encuentra similitudes generales entre ambas, puede generar una sensación de familiaridad que se interpreta como si ese momento ya hubiera ocurrido.
“El cerebro no compara detalles exactos, sino patrones generales, y eso puede dar lugar a esta experiencia”, explicó Sánchez.
Un ejemplo sencillo es imaginar un escenario, como una montaña verde con una casa blanca, y tiempo después encontrarse con un lugar similar. Aunque no se trate del mismo sitio, la coincidencia de elementos puede provocar la sensación de haber estado ahí antes.
Este fenómeno, enfatizó el académico, no tiene relación con vidas pasadas, premoniciones ni experiencias extracorporales. “Se trata de una comparación imperfecta entre la información de la memoria y lo que percibimos en el momento”.
El déjà vu también está vinculado con las regiones cerebrales encargadas de procesar la memoria y la percepción. Entre ellas destacan el hipocampo, clave en la consolidación de recuerdos, así como áreas de asociación y regiones frontales que participan en el análisis de la información.
Dependiendo del contexto, la experiencia puede acompañarse de distintas respuestas emocionales, desde sorpresa hasta inquietud.
Incluso, en algunos casos, pueden existir fenómenos relacionados, como los llamados “flashbacks” en personas con trauma, donde un estímulo presente activa recuerdos intensos del pasado. A diferencia del déjà vu, estas experiencias suelen estar cargadas de una fuerte respuesta emocional y pueden implicar la activación de estructuras como la amígdala.

Memoria a largo y corto plazo

Por otro lado, el especialista destacó que no todo lo que experimentamos se almacena en la memoria a largo plazo. El cerebro prioriza la información relevante para la adaptación y deja de lado detalles que no resultan útiles.
“Recordarlo absolutamente todo sería contraproducente. La capacidad de olvidar también es fundamental para el funcionamiento del cerebro”, explicó.
En ese sentido, la memoria no es un registro exacto del pasado, sino una herramienta flexible que permite interpretar el presente y anticipar el futuro. El déjà vu, entonces, surge en ese punto donde ambas dimensiones se encuentran: cuando lo que percibimos coincide, de manera parcial, con lo que ya habita en nuestra mente.
Aunque puede resultar desconcertante, el déjà vu es una experiencia común que forma parte de la manera en que el cerebro organiza la información. Lejos de ser una señal de algo extraordinario, es un recordatorio de que nuestra percepción de la realidad está profundamente mediada por la memoria.

  • Redactora: Michel Olguín Lacunza