Nunca pensé que estaría de acuerdo con Steve Bannon, antiguo colaborador de Trump y negacionista de las elecciones. Pero el mes pasado argumentó que los magnates tecnológicos, conocidos como “broligarcas”, de Silicon Valley se acercan al recién elegido presidente porque “básicamente, quieren un rescate”.
Por supuesto, Bannon tiene su propia agenda, ya que está luchando contra esos broligarcas por la atención y el favor del presidente Trump. Pero Bannon también ha detectado algo real. Es probable que nuestras empresas de tecnología, atrapadas entre los crecientes costos de cumplir las normativas mundiales y los costos astronómicos de la carrera por el dominio de la Inteligencia Artificial, recurran al gobierno de Trump para intentar afianzar sus ventajas.
Creo que por eso el director ejecutivo de Tesla, Elon Musk, invirtió tanto dinero en la campaña de Trump y ahora ejerce de presidente en la sombra. También creo que por eso los principales ejecutivos tecnológicos acudieron a la toma de posesión. Podría ser la razón por la que el jefe de OpenAI, Sam Altman, participó en una rueda de prensa en la Casa Blanca al día siguiente de la toma de posesión. También puede explicar por qué el inversionista de capital de riesgo Marc Andreessen dijo en diciembre que pasaba la mitad de su tiempo en Mar-a-Lago.
Medidas antimonopolísticas
Silicon Valley se enfrenta a numerosas amenazas regulatorias, a medida que los gobiernos de todo el mundo responden poco a poco a los estragos causados por las grandes empresas de tecnología. En la Unión Europea, Google ha sido multado con 8600 millones de dólares en la última década.
Apple tiene que pagar una factura fiscal de 13,500 millones de dólares en Irlanda tras perder un juicio. Y, hace poco, Meta recibió una multa de la Unión Europea por 830 millones de dólares. La Comisión Europea impondrá pronto una multa millonaria a X.
Más cerca de casa, las acciones antimonopolio contra los mayores titanes de la tecnología están abriéndose paso por los tribunales, y los estados de Estados Unidos están interviniendo en el vacío normativo federal con docenas de nuevas protecciones para los jóvenes, los trabajadores y nuestros datos. Este año entrarán en vigor ocho nuevas leyes estatales sobre privacidad, y la Agencia de Protección de la Privacidad de California ya inició sus acciones de aplicación, lo que le permite imponer multas de casi 8000 dólares por infracción intencionada. Esto podría alcanzar los millones o incluso miles de millones de dólares.
Carrera en la Inteligencia Artificial
La supuesta ventaja de Silicon Valley en inteligencia artificial ─anunciada a menudo como el futuro de la tecnología en el que se podría invertir un billón de dólares─ pareció evaporarse recientemente cuando una empresa emergente china afirmó haber fabricado un producto de calidad equivalente por una fracción del precio.
La posterior rebaja de precios de Microsoft y OpenAI no inspiró confianza. Altman incluso especuló con la posibilidad de regalar sus modelos, poniendo en peligro los miles de millones que la industria espera obtener de las ventas a los clientes.
No es de extrañar que los titanes de la tecnología pidan cada vez más ayuda al gobierno estadounidense. En 2023, la empresa de capital riesgo Andreessen Horowitz pidió a la oficina de derechos de autor que redujera las barreras de entrada de la IA con el argumento de que los datos de entrenamiento de la IA son un “uso productivo y no explotador” de material protegido por derechos de autor. Al parecer, Meta presionó para que se prohibiera TikTok, que era la mayor amenaza para sus redes sociales, Facebook e Instagram. Y supongo que es probable que Silicon Valley haya estado detrás de la generosa dádiva que el gobierno de Biden le concedió en los últimos días: una orden ejecutiva que concedía acceso a terrenos federales para construir centros de datos de IA.
Además, está la posibilidad de celebrar jugosos contratos militares. El año pasado, OpenAI, Meta y Anthropic cambiaron sus políticas para facilitar la venta de su inteligencia artificial con fines militares. Unos años antes, Google cambió su postura sobre los contratos de defensa , a pesar de las objeciones de los empleados. Esta semana, Google también abandonó su promesa de no utilizar IA para armas o vigilancia. Y SpaceX, de Musk, tiene más de 11.000 millones de dólares en contratos con la NASA.
Antes, Silicon Valley no necesitaba favores del gobierno estadounidense. Sus innovaciones, como el iPhone y el motor de búsqueda de Google, eran tan asombrosas que podían triunfar en el mercado, siempre que el gobierno no se interpusiera.
Pero ahora, tras décadas de revolución digital, los titanes de la tecnología son más frágiles que nunca. Desde luego, parecen unos bravucones temibles, con Musk entrometiéndose en los sistemas informáticos del gobierno y amenazando con cerrar las agencias federales, el Congreso investigando las criptodenuncias de Andreessen contra los grandes bancos y el director ejecutivo de Meta, Mark Zuckerberg, sugiriendo a los reguladores de la Unión Europea que Trump le ayudará a hacer retroceder sus onerosas normativas.
Pero como me decía mi madre en la escuela primaria, la mayoría de los bravucones son cobardes.
(Autora: Julia Angwin)