Meditando | “Depresión, melancolía y anhedonia

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Rabindanath Tagore escribió alguna vez, “Cuando estes triste, busca otro triste, consuélalo y sentirás alegría”

Robert Burton, sacerdote inglés (Leicestershire, Inglaterra 1577-Oxford 1644), fue famosos por su obra “Anatomía de la melancolía”, él mismo fue víctima de este pecado mortal del afecto. En su célebre trabajo describe la naturaleza de la melancolía, sus causas, síntomas, pronósticos y diferentes formas de tratarla. Influenció notablemente en el pensamiento de escritores de su época, como al célebre John Milton autor de “La Divina comedia”
Para Burton la melancolía era “una especie de debilidad mental con delirio, que se acompaña de temor y tristeza sin causa aparente”. La consideraba un mal de ambos sexos, que en las mujeres causaba trastornos más violentos, afectaba más a los viejos y en otoño presentaba severas recaídas. Pensaba que el mal se debía a una predisposición del caacter para adquirirla en la edad adulta y se debía diferenciar de la tristeza, ya que ésta es pasajera y suele tener alguna causa definida.
Burton, observador inquisitivo dice en su obra: “… la vida humana es tan cambiante como el mismo cielo; unas veces plácida, serena y al rato sombría y tormentosa, así son los estados anímicos del ser humano; alegría y esperanza, tristeza y temor.
Burton clasificaba la melancolía en tres tipos; cefálica, hipocondríaca y de todo el cuerpo. Sugería un sistema de tratamiento bueno para todos ellos: vea usted sus conceptos en el siglo XVII.
Los alimentos deben componerse de carnes blancas, suaves y sin grasa; como perdices, faisanes y truchas. Deben abundar frutas frescas, tubérculos fibras, semillas y vegetales verdes. Preferirse los ambientes ventilados húmedos y calidos, practicar ejercicio diario, no violento y dormir ocho horas diarias.
Los medicamentos deben ser simples; los primeros son hierbas y piedras preciosas como oro y esmeraldas, que podrían sanar la desesperación más insana… Los segundos se subdividen en de uso interno: sólidos y líquidos y de uso externo: cataplasmas y fomentos. Se recomiendan sangrías, purgantes fuertes, ventosas e incisiones en la piel para que salgan los malos humores, esto pasó a la historia.
El Rey Fernando VI de España murió de melancolía en 1759 y el biógrafo Andrés Piquer describió un cuadro impresionante; repugnancia a las cosas normales de la vida, como comer y dormir. Ingería carne casi cruda, en forma bestial, rechazaba vegetales, su comportamiento era extravagante y caminaba sin cesar, hasta 18 horas diarias, dando vueltas en su habitación, hablando vaguedades desordenadamente, hasta que murió
En 1896 Emil Kraepelin, Psiquiatra alemán (1856-1926) clasificó a la melancolía como una psicosis recuperable que no induce a la demencia aunque el peligro consiste en la tendencia al suicidio.
El yo melancólico aspira a devorarse a sí mismo porque se encuentra fijado a la fase oral o canibalística de la evolución de la libido. Por eso los psiquiatras del siglo IX, incluían al canibalismo como una forma de melancolía, muchas situaciones del comportamiento humano no cambian a través de los siglos; la melancolía sigue haciendo presa al ser humano, hoy igual que ayer.


El reconocimiento de nuestros errores y las transgresiones de conducta que con frecuencia tenemos, se repiten con regular frecuencia hoy, igual que en el pasado. La búsqueda de la respuesta mágica para lograr la felicidad sigue siendo motivación cotidiana nunca alcanzada. El canibalismo es el querer engullir a los demás y sobre todo al ser amado y hacerlo parte de uno mismo, privándole de su libertad innata de pensamiento y decisión, parece ser condición sine qua non de ser humano. Las frustraciones que derivan de todo esto son vías directas a la melancolía. ¡No cabe duda. Nada nuevo bajo el sol! El hombre y la mujer seguimos siendo presas de las mismas angustias y pasiones desde hace muchos años. La melancolía, aun en nuestro tiempo, sigue siendo un capítulo denso y complicado de la Psiquiatría.
En el curso de la vida, todos vemos casos de Depresion y melancolía, la verdad es que el tratamiento efectivo de esta condición del alma, suele ser poco exitoso, sobre todo en las personas de edad media en adelante, en quienes el bagaje de experiencias negativas en su vida pasada han condicionado este estado de anhedonia (incapacidad de sentir placer) y pesimismo.
Lo mejor ante esta perspectiva, es ejercer la prevención temprana y, desde niños infundir en nuestro espíritu y en nuestros hijos, el pensamiento de que la vida es un reto, como el mar para el buen marinero, que “no se queja del poder del viento, se espera hasta que su fuerza cambie, optimista ajusta las velas y se lanza de frente sin perder el rumbo, decidido a vencer al vendaval”.

hsilva_mendoza@hotmail.com

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